Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | tribuna

Una tarde de bingo

Bingo solidari

Bingo solidari / Bingo solidari

Hace unos días, se celebró un bingo durante las navidades en mi pueblo. Yo estaba sentado al lado de mi hija. En el primer cartón, mi desempeño fue muy bueno, estuve muy cerca de cantar bingo. Mi hija se quejaba de lo mal que lo había hecho. Ella solo había acertado unos pocos números. «No te preocupes», le dije, «en el próximo cartón, seguramente tú lo harás mejor que antes, y yo peor». Aunque ambos estuvimos lejos de ganar, ella mejoró y yo empeoré. «Regresión a la media».

Cuando observamos el desempeño de una persona, como el de un empleado, un alumno o un deportista, y este desempeño depende en parte de factores aleatorios—como en el bingo—, entonces los desempeños extremos suelen estar seguidos de desempeños menos extremos. Es decir, un desempeño extremadamente alto suele ser seguido de un desempeño más cerca de la media de los desempeños anteriores: como si el desempeño volviera a «lo normal» después de un golpe de suerte. Lo mismo ocurre cuando el desempeño es extremadamente malo: suele ser seguido de un desempeño mejor. Este fenómeno estadístico es muy conocido, al menos desde 1886, cuando Francis Galton notó que los hijos de las personas muy altas solían ser más bajas, y los hijos de las bajas, más altas. Notó también que cuanto más extrema era la altura de los padres respecto a la población, más diferencia había con sus hijos.

Aunque este fenómeno está muy presente en nuestras vidas, muchas veces pasa desapercibido, y a veces nos enseña lecciones equivocadas. Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, cuenta que, cuando colaboró con instructores de la fuerza aérea israelí, éstos le dijeron que su experiencia demostraba que el castigo funciona mejor que la recompensa, porque cada vez que elogiaban a un piloto por un buen vuelo, éste solía hacerlo peor en el siguiente vuelo, mientras que cuando lo regañaban por un mal vuelo, generalmente mejoraba en el siguiente. Kahneman observó que la experiencia de los instructores los engañaba: solo por regresión a la media, a un vuelo excepcional le seguirá un vuelo más «normal», y a uno muy malo le seguirá uno mejor, independientemente de lo que diga o haga el instructor. Un instructor, maestro, jefe o entrenador que desconoce la regresión a la media es proclive a aprender de su propia experiencia que los castigos mejoran el rendimiento y los halagos lo empeoran. Y aunque la experiencia suele ser buena consejera, en este caso se equivoca.

Conocer la regresión a la media nos puede ayudar a ser más críticos. Pensemos por un momento en la taquillera película Matrix. La secuela, Matrix Resurrections, no fue tan exitosa y solo alcanzó un tercio de la recaudación de la original. Solemos decir que «las segundas partes nunca fueron buenas». Si solo se hacen secuelas de las películas más taquilleras, entonces las segundas partes tenderán a ser peores, solo por una cuestión estadística de regresión a la media. Pero la gente encuentra otras explicaciones más plausibles, como que los productores se centran en «ordeñar la vaca» del éxito comercial o que a los responsables de la primera parte se les subió la fama a la cabeza. Si se hicieran segundas partes de películas menos taquilleras, entonces el dicho popular sería otro.

Este fenómeno está muy presente en las empresas. Interviene cuando un jefe evalúa el desempeño laboral de un empleado, cuando decide un ascenso o un despido, o cuando los directores deciden contratar consultoría de gestión. ¿Cuándo se contrata consultoría de gestión? Cuando el rendimiento de la empresa es extremadamente malo. Ya sabemos que, después de un desempeño extremo, suele seguir un desempeño menos extremo. Por tanto, la consultoría de gestión es una actividad que tiene a la suerte de su lado, porque solo se contrata consultoría en situaciones en que la regresión a la media «empuja» el desempeño hacia «lo normal».

Hasta el momento hemos hablado de desempeño: en el bingo, en el pilotaje de aviones de combate, en el éxito de una película, en el rendimiento de un empleado o empresa. Pero la regresión a la media también se manifiesta cuando medimos otros fenómenos, por ejemplo, el dolor. El dolor es el síntoma de una condición fisiológica, pero su intensidad varía y depende en parte de factores aleatorios y, por tanto, aquí también interviene la regresión a la media. Cuando una persona tiene dolor de rodilla, puede dejarlo estar si es leve, pero si el dolor es intenso, entonces intentará hacer algo al respecto. Algunos se medicarán, otros se aplicarán hielo, otros se aplicarán calor y otros tomarán un té de hierbas exóticas. Independientemente de lo que hagan, si solo lo hacen cuando el dolor es extremo, serán proclives a convencerse que su método funciona, porque después de su ritual, el dolor tenderá a disminuir. Ignorar la regresión a la media puede llevarnos a aprender lecciones equivocadas, como que un té de hierbas exóticas puede mejorar el dolor de rodilla.

Para terminar, el desempeño en el bingo depende totalmente de la suerte, por esto, la regresión a la media es máxima. El desempeño en la vida no depende totalmente de lo aleatorio como en el bingo, pero la aleatoriedad influye en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Conocer la regresión a la media nos hará mejores maestros, jefes, entrenadores, nos evitará creer en tratamientos inútiles, y nos hará más pacientes jugadores de bingo. Para evitar que la regresión a la media nos convenza de que algo funciona cuando no lo hace, los científicos hacemos experimentos aleatorizados controlados. Sobre esto hablaré en la próxima columna.

Tracking Pixel Contents