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Opinión | Al azar

La editorial quema el libro de Julio

Dos antiguas empleadas de Julio Iglesias acusan al cantante de agresiones sexuales y trato vejatorio

Dos antiguas empleadas de Julio Iglesias acusan al cantante de agresiones sexuales y trato vejatorio

He sido comprador primero y lector después de El español que enamoró al mundo, la biografía sentimental de Julio Iglesias firmada por Ignacio Peyró. Ya que no me lo preguntan, se trata de una aproximación interesante, pero de oídas, a cargo de una persona que no ha conocido a su ídolo a diferencia de los cientos de periodistas que hemos entrevistado al cantante. Desde estas coordenadas, imaginen mi estupor el pasado martes, al leer el ‘Comunicado’ conjunto del escritor y de su editorial Libros del Asteroide, donde piden perdón y consideran «necesario ofrecer una nueva edición revisada y actualizada». ¿Para qué? No será difícil mejorar el texto hasta ahora en el mercado, pero el arrepentimiento se debe «a las acusaciones de agresiones sexuales que señalan al artista».

Es decir, los responsables de El español que enamoró al mundo desean enmendar su hagiografía arruinada, pero desde la insultante superioridad moral. Solo les falta descargar la culpa sobre los compradores. A nadie le importa un libro sobre Julio Iglesias porque a nadie le importa ningún libro, pero la imagen de una editorial quemando volúmenes propios tiene su morbo. Si compartiéramos el engreimiento de los ahora negadores y renegadores del cantante, añadiríamos que deberían haberse preocupado cuando detallaban en la versión original los centenares y millares de proezas sexuales de quien estuvieron enamorados hasta el martes.

Envolver a los mitos populares en alta literatura tiene sus riesgos. Sin embargo, la pusilanimidad de los implicados se dispara al refugiarse en que su oda a Julio Iglesias fue «concebida a partir de la información pública disponible». Es decir, que fue copiada de otros a quienes ahora solo falta señalar como cómplices, deberíamos disculparnos ante Peyró y Asteroide. Por supuesto, quienes no pensamos cambiar ni una línea de lo ya escrito sobre el artista quedamos inscritos como miserables, aunque ha valido la pena comprobar que el ‘wokismo’ de derechas no tiene nada que envidiar al original.

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