Opinión
Todo son lecciones

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (archivo) / Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN
Trump tiene claro que la comprensión lectora y la capacidad de atención han disminuido de forma radical, tanto como el descrédito de la clase política en una parte importante de la población. Ya saben, aquello de que solo el pueblo salva al pueblo y de que todos los políticos son iguales (es decir, algo parecido a alimañas chupasangres y burócratas inútiles que solo trabajan por su supervivencia y que cimentan su poder engañando a la ciudadanía). Trump lee como nadie el panorama y se ofrece como un revulsivo. No hay subterfugios ni diplomacia en sus palabras, tampoco en sus acciones. Lo suyo es el lenguaje llano de la fuerza y los intereses económicos, y se le entiende perfectamente. La intervención militar en Venezuela ha sido diáfana: «Vamos a gobernar el país», «Queremos acceso a todo lo que pidamos», «Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza del suelo».
Apenas ha habido un intento retórico de defender la democracia y los derechos humanos, apenas una preocupación por nada más allá de sus fronteras. ¿Para qué? Eso no es lo que valoran sus votantes ni, probablemente, la mayoría de la ciudadanía. Hace mucho que se está trabajando para desprestigiar la democracia. Y no solo en Estados Unidos. La preferencia por un régimen autoritario no deja de incrementarse en los más jóvenes. ¿Y los derechos humanos? El acoso a la inmigración ha resultado aleccionador. La deshumanización prende en la sociedad cuando se permite acosar y humillar a una parte de la población. Cuando el ejército se despliega en las calles para detener migrantes. Cuando se permite y promueve la explotación de cientos de miles de personas, pero se cuestionan sus derechos. Cuando se utilizan tribunas políticas para equiparar migración con delincuencia sin que los datos sustenten la acusación. Nada es casual. Estamos siendo educados en el desprecio a la bondad, y cuesta encontrar discursos que combatan la enseñanza en palabras y en hechos. Ahí está la Unión Europea, tan temerosa, tan desorientada, tan impotente… y, a su manera, tan aleccionadora.
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