Opinión | Tribuna
La religión MAGA

El presidente Donald Trump, vistiendo una gorra MAGA, en la Casa Blanca / Europa Press/Daniel Tor
La posesión religiosa presidencial es uno de los hechos más relevantes de la política norteamericana. La vivimos con Reagan y George Bush cuando se referían «al eje del mal» o al «imperio del mal» y esta característica tan singular siempre ha chocado en Europa, caracterizada por la progresiva secularización. Resulta imposible encontrar un primer ministro, o un presidente europeo que se expresara como un telepredicador, aun y a pesar de que nos denominemos «el Viejo Continente». Sin embargo, la actual administración americana ha dado un paso de gigante en una concepción cristiano nacionalista prorrusa hacia lo que Chesterton denominaba «una nación con alma de iglesia».
El choque entre la civilización europea, basada en normas jurídicas, cuyo máximo exponente es el respeto a los Derechos Humanos, ha encorsetado la actuación de nuestros estados y es vista desde la ideología MAGA, rusa, china, sionista y postfascista, como aborrecible. Fundamentalmente porque se contrapone a sus políticas basadas en la soberanía nacional, un nuevo colonialismo (Ucrania, Gaza, Venezuela, Groenlandia, y lo que vendrá) y al de las grandes corporaciones tecnológicas que imbuyen esta nueva civilización. Todo es transaccional para esta gente, con cañones o con dinero; el Derecho Internacional es «cursi», como alguna ha señalado; «la Unión Europea debe ser abolida» en palabras de Elon Musk, o «la libertad y la democracia ya no son compatibles», como dice Peter Thiel. Lo piensan los partidos euroescépticos que van a dominar el mundo, incluida Europa, la próxima década, como mínimo.
Para contentar a su potente base evangélica Trump ha bombardeado Nigeria como «regalo de Navidad» porque dice que allá se está cometiendo «un genocidio cristiano». Otra de sus muchas mentiras que nadie -de los suyos- contrasta; su primera orden ejecutiva fue eliminar de su administración «el sesgo cristiano» como referencia explícita a las políticas de diversidad; Allie Stuckey, quien se ha hecho con el «puesto» del asesinado Charlie Kirk, describe las políticas del ICE -la nueva Gestapo americana- para con los inmigrantes como «inspiradas en las Escrituras», y su viuda perdonó el asesinato «porque era lo que Cristo hubiera hecho». Podría seguir acumulando citas mesiánicas de la tropa MAGA, pero me quedaría sin artículo.
En Estados Unidos las iglesias rurales de Luisiana, Arkansas, New Orleans, etc son de los más variado. Representan sub credos cristianos en los que predicadores poseídos deliran barbaridades que encandilan a su público. Representan a un Dios guerrero y despiadado, a menudo inventado, en lucha continua contra el mal. Sus interpretaciones son impactantes y muy preparadas y suponen todo un espectáculo. Recuerdo en la primera temporada de True Detective -véanla y entenderán el origen de la base MAGA- cuando el personaje que interpreta un magistral Mattheu MacConnaughey le pregunta a su compañero detective «¿cuál crees que será el promedio del coeficiente intelectual de esta gente?».
Porque lo novedoso, o no, porque es relativamente antiguo, de esta nueva forma de fe ultracatólica y nacionalista es que es antagónica al predicamento de la iglesia europea: cristiano, ortodoxa, protestante o anglicana, en las que el centro de la homilía es el ciudadano y el bien común. Especialmente el más desprotegido, desfavorecido o vulnerable. Y, de entre ellos, los niños, pobres o inmigrantes. Categorías, ambas, objeto de redadas y expulsiones en la política de Trump.
Algunos antropólogos describían la religión como «un virus del lenguaje» porque promete recompensas divinas mediante cuentos de hadas que violan las leyes físicas del universo, transfiriendo el miedo del creyente a un poder autoritario mediante la catarsis. Poder que se utiliza para proyectar certeza y embotar el pensamiento crítico. Pero, más allá de la espiritualidad o no de cada uno, la enorme dificultad de combatir argumentalmente a esta gente radica en que es imposible ofrecerles nada mejor. Si les planteas soluciones civiles o ecuménicas, no estás a la altura; si acudes a la narrativa tradicional religiosa, eres heterodoxo. Luego siempre quedará Telecinco y la Pedroche, aunque me quejo con Estopa.
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