Opinión
Trump iguala a Russell Crowe en ‘Gladiator’
La Casa Blanca inauguró el año con un vídeo que emparentaba al presidente con el ‘Gladiator’ de «desencadenad el infierno», a falta de saber si utilizará alguna escena de ‘Nuremberg’

Russell Crowe en 'Gladiator'
Donald Trump se dirigía el martes a los líderes Republicanos, casi dos horas en pie. Su saludo tampoco iba a ser protocolario:
-Muchos lleváis más tiempo en política que yo, así que debo ser más inteligente que vosotros, porque mirad dónde he llegado.
Trump no es cruel con sus enemigos, sino con todo el mundo, y solo tiene amigos porque un cómico no puede perder ni un espectador. Verbigracia, Elon Musk llamó «pederasta» al presidente de Estados Unidos, tal vez la mayor imputación jamás formulada desde la oligarquía estadounidense. Pese a ello, el billonario fue invitado al banquete con Mohamed bin Salman en la Casa Blanca, y escuchemos ahora el mensaje emitido por el Donald el pasado domingo desde el Air Force One, cuarenta minutos en pie sometido al torpedeo de los periodistas:
-Elon acierta el 95 por ciento de las veces y solo se equivoca el cinco por ciento. Es un buen tío.
Un gran tipo que le acusó por escrito de abusar sexualmente de menores, pero son solo negocios, no hay nada personal. Aunque Trump funciona con las reglas de la Cosa Nostra, que absorbió durante su convivencia con las familias mafiosas en Nueva York, su verdadero sueño es Hollywood. Todavía hoy, el líder del mundo libre y salvaje cambiaría los dorados del Despacho Oval por la presidencia de uno de los grandes estudios.
Trump volvió a demostrar su querencia hollywoodiense en el vídeo inaugural de 2026, grabado por la Casa Blanca como mensaje oficial. De no mediar las festividades somnolientas, alguien hubiera interpretado el mensaje como un anuncio del secuestro a domicilio en Caracas, sustentado en argumentos que el presidente también explicó a los parlamentarios Republicanos:
-Maduro quiso copiar mi estilo de baile.
Imperdonable. Volvamos al vídeoclip, que muestra a Russell Crowe interpretando a Maximus en Gladiator. En la escena de la rebelión al estilo Espartaco, el actor australiano da la orden decisiva montado a caballo:
-A mi señal, desencadenad el infierno.
Sin solución de continuidad, la grabación de la Casa Blanca pasa a una imagen de Trump, caminando con el semblante inmutable y el imperio a cuestas. A partir de aquí, debería funcionar la psicología elemental. En cuanto al discurso, «desencadenad el infierno venezolano» ajusta un excelente resumen de la semana en curso. Sin embargo, la clave de la adaptación trumpista de Maximus Decimus Meridius reside en la cautela adicional, «A mi señal». En el discurso de Mar-a-Lago para felicitarse por el apresamiento de Maduro, el presidente adjuntará que la operación ha transcurrido «bajo mi dirección». No se mueve una hoja en el planeta sin su venia.
En la escena elegida para empezar el año, Maximus y Donald saben que han cruzado el Rubicón, sin que a ninguno de ellos les preocupe excesivamente el personaje histórico realmente implicado. Sobre todo, son los únicos protagonistas del vídeo de la Casa Blanca, y aquí resulta inequívoco el esfuerzo por identificarse con un actor global. Transubstanciarse en George Clooney o Brad Pitt hubiera sido risible, pero el australiano aporta la condición estelar sin necesidad de rebajar el diámetro de la cintura.
Trump se presenta en escena encorvado como un Elvis cargado de años, y para su reordenación del chavismo encajaba el liderazgo de Maximus, brutal pero íntimo. Proyectando el paralelismo, el australiano acaba de rematar la mejor interpretación de su carrera, blanqueando a Hermann Goering en Nuremberg, donde curiosamente repite discursos que parecen extraídos de Gladiator. Será curioso observar si los guionistas de la Casa Blanca mantienen la equivalencia entre el actor y Russell Crowe hasta sus últimas consecuencias.
Es imposible quedarse corto con un político de extracción democrática que se impone como lema «desencadenar los infiernos». Desencadenado en Venezuela, Trump no omitía el jueves los insultos despreocupados a la activista tiroteada por sus oficiales de Inmigración en Minneapolis. Sin ningún complejo, omitía referirse al homicidio, para denigrar de entrada a la fallecida como «una follonera». Estuvo a punto de felicitarse por el resultado del exceso policial, porque el presidente estadounidense perdona pero no toma prisioneros.
La traducción al español del Trump desaforado permitirá contemplar un día a Feijóo recibiendo a Delcy Rodríguez y sus maletines en la Moncloa. Salvo que los Delta Force aterricen en la Moncloa para sustituir a Sánchez por un gobernante más propicio. En el primer mandato como presidente 45, el inquilino de la Casa Blanca llevaba incorporada su propia parodia, lo cual dificultaba una crítica en condiciones. Trump’47 interpreta su propia caricatura, sin desdeñar las confesiones de alcoba:
-Mi esposa me dice que no debo bailar en público, porque no es presidencial, pero la gente se vuelve loca cuando lo hago.
Los académicos interpretan a Trump como la volatilización de los principios de la convivencia occidental. Les falta honradez para aceptar que se ha limitado a explotar las numerosas vulneraciones previas de aquel régimen de convivencia paradisiaca. Desencadenar el infierno no es la solución, pero el mundo antes de Trump tampoco iba por buen camino.
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