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Opinión | Pensamientos

Escribe algo serio

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, escoltados por agentes de la DEA.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, escoltados por agentes de la DEA. / EP

Mi amigo Llorenç Fernández, párroco de Son Dameto y uno de mis mejores modelos de vida, me pregunta siempre sobre mi próximo artículo. El sábado, en pleno estupor por el secuestro de Nicolás Maduro, me dijo: «Escribe algo serio».

Llorenç está indignado porque la ley del más fuerte impera en nuestro invertebrado mundo. Al veterano y luchador sacerdote no le cabe en la cabeza la facilidad, e impunidad, con que se quiebra la paz entre dos naciones del primer mundo u occidentales. «Algo tenemos que hacer, no podemos permanecer callados», exclamó dolido por la agresión de Donald Trump a Venezuela, un país soberano, aunque subyugado por una dictadura asesina.

En la conversación terció Francesc Bonnín, presidente de la Asociación de Vecinos, fino analista y jugador de ajedrez. Bonnín, otro de mis guías vitales y compañero del alma, resaltó las contradicciones de algunos sectores de la opinión, especialmente de izquierdas, que condenan el «imperialismo yanqui», pero callan ante otras agresiones al derecho internacional, como la invasión de Ucrania por Rusia.

Mi presidente destacó la extrema polarización con la que se valoran, en España, los acontecimientos. ¿Es de los nuestros o de los otros?, se preguntan algunos antes de opinar.

La noticia del ataque a Venezuela, no por inesperado, ha impactado en nuestra sociedad: se trata de una nación muy próxima, por vínculos históricos, culturales, políticos y demográficos. Ha habido otras recientes operaciones de Estados Unidos contra terceros países (Irán, Yemen, Nigeria…), pero no nos han afectado tanto. Las vemos como zonas lejanas y ajenas.

Hasta ahora no he dicho lo que pienso. La prudencia profesional me aconseja a no pronunciarme sobre asuntos que no domino. Delego los análisis y relatos en los expertos, testigos y protagonistas. «No hablar por boca de ganso», es un buen refrán. No obstante, y a vuela pluma, expresaré algunas reflexiones.

La primera es que los tiranos nunca actúan solos. Putin, Trump, Maduro, Netanyahu, y otros, tienen una corte de aduladores cómplices de sus tropelías. Los pelotas justifican permanentemente a sus «caudillos»; también les facilitan la ejecución de sus planes criminales. Y envuelven las acciones en una mística populista y nacionalista.

«Todo lo hacemos por el bien de Norteamérica, el triunfo de la Venezuela Bolivariana, la subsistencia del Estado de Israel, y la grandeza de Rusia», proclaman.

Es un gran papel de celofán retórico para envolver sus múltiples delitos contra extranjeros o sus propios compatriotas. Por su parte, los máximos líderes se presentan como salvadores, defensores y guías de sus pueblos, frente a enemigos reales o, frecuentemente, imaginarios.

La segunda idea es que la codicia, pecado capital, mueve al mundo. Siempre ha sido así, aunque en algunas épocas, como la actual, esta perversión ya no se esconde. Ganar más y mantener los privilegios son los objetivos a todas las escalas. Desde el propietario que alquila ilegalmente a turistas sus bienes inmuebles en Mallorca, hasta el gobernante que ordena invasiones de países vecinos para lucrarse con sus recursos, sean petróleo, tierras raras o diamantes. La última conclusión es que «el fin no justifica los medios». Ni en Caracas, Gaza o Kiev.

¡Ah¡, y una pregunta, ¿dónde está el Judas que vendió a Nicolás Maduro?, ¿en USA con sus millones de dólares de recompensa?

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