Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

José Mª Lafuente

¿Pero de verdad vamos a cometer semejante estupidez?

Donald Trump y Ursula von der Leyen

Donald Trump y Ursula von der Leyen / COMISIÓN EUROPEA

¿Hemos contrastado suficientemente lo que significa el acuerdo U. E.-Mercosur? ¿Somos conscientes de la enormidad de su significado? ¿Los riesgos de que se frustre?

Los presidentes y primeros ministros de la Unión Europea se reunieron el viernes 19 de diciembre para una cumbre en Bruselas. Estando invitado Volodimir Zelenski, la emisión de eurobonos para financiar la guerra de Ucrania contra Rusia eclipsó el fracaso del otro gran punto del orden del día sobre el acuerdo con el Mercosur.

Resulta paradójico e incomprensible pero apenas unos centenares de agricultores franceses e italianos hayan conseguido paralizar la firma de un tratado de libre comercio que engloba a 750 millones de personas. Tras 26 años de negociaciones, la firma estaba prevista para el sábado 20 de diciembre en Foz de Iguazú. Allí se habían concentrado los presidentes de los países del Mercosur (Brasil, Argentina. Uruguay, Paraguay). La presidenta de la Comisión europea Úrsula von der Leyen no viajó a Brasil. Un minuto antes, el presidente Macron había negado su voto favorable con causa a las manifestaciones convocadas aquel mismo día por los agricultores y sus tractores en París. Temen la próxima elaboración del Plan Agrícola Común 2027 y que se abra la competencia de los productos agrícolas del Cono sur. Para alcanzar así una minoría de bloqueo, en el último momento, Giorgia Meloni sumó su voto negativo a los de Francia, Polonia y Hungría. Se escudan en la inconcreción de las cláusulas de salvaguarda sobre requisitos medioambientales y derechos laborales.

Si la Unión Europea pierde este tren, habrá perdido cualquier posibilidad de tener presencia geopolítica en el tablero mundial. Tal vez ya para siempre. El orbe estará dividido entre los países de influencia americana y los de ascendencia china. África, Asia y los países árabes ya están posicionados. América central y del sur necesitan expandir sus fronteras y si no es hacia Europa, entonces USA ejercerá todo su poderío en la zona y no esconde sus intenciones. En el documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional del 5 de diciembre, Donald Trump desgrana sus propósitos expansionistas y califica a Europa como una <<civilización en desaparición>>. Tiene cómplices infiltrados: Viktor Orbán es un títere consentido y la presidenta Meloni coincide en sus postulados políticos.

Compárense las magnitudes entre las protestas de los agricultores franceses e italianos con los 4.000 millones de euros anuales que las empresas europeas dejarían de pagar en concepto de aranceles por sus exportaciones a los países del Mercosur. Exportamos automoción, telecomunicaciones, textiles, farmacia, servicios financieros, etc. etc. E importamos carne de vacuno y de corral, soja, azúcar, etanol, etc. etc. El espacio U.E.-Mercosur ha de significar el 20% del P.I.B. mundial.

Es una cuestión de la máxima importancia para Europa y aún significativamente para España. Omitamos cualquier palabra más o menos hueca sobre las relaciones históricas con los países iberoamericanos. La apertura de ese espacio de libre comercio ha de dar lugar a una oportunidad que va más allá. El comercio favorece la libre circulación de las personas de allí y de aquí. La natalidad disminuye y precisamos aumentar la población. España no tiene los problemas inmigratorios de Francia o de Bélgica. 1.300.000 ciudadanos americanos han pedido la doble nacionalidad por ser hijos o nietos de españoles. Y ciertamente que ellos fueron hospitalarios con nuestros abuelos.

Tracking Pixel Contents