Opinión
El Chile de los bandazos
El triunfo del ultraconservador Kast es el último giro de un país de tradición liberal que ha oscilado entre la revolución de Allende y el sangriento golpe de Pinochet

José Antonio Kast, durante un mitin de la campaña electoral. / ESTEBAN FÉLIX / AP
José Antonio Kast, del Partido Republicano (extrema derecha) ha ganado las elecciones presidenciales de Chile con el 58% de los votos, batiendo ampliamente a la candidata de la coalición de izquierdas Jeanette Jara, comunista y respetada ministra de Trabajo de Boric, el presidente saliente, que se quedó con el 42%, tras haber ganado por muy poco la primera vuelta. ¿Es el efecto Trump y la subida mundial de la extrema derecha? Sí, pero Chile también tiene, pese a ser el país más rico de Sudamérica y el de mayor tradición liberal, antecedentes de polarización y de grandes bandazos políticos.
Las anteriores presidenciales, las de 2021, las ganó Gabriel Boric con una coalición de extrema izquierda, que quería enterrar el neoliberalismo y una Constitución progresista, con el 55,8 % frente al mismo Kast que se quedó con el 44% tras haber ganado la primera vuelta. Ahora Kast y Jara se dicen dispuestos a colaborar y Kast no llega a la mayoría parlamentaria. Pero…
Chile ha tenido grandes oscilaciones entre la democracia y el extremismo. En 1970 ganó las presidenciales el socialista de izquierdas Salvador Allende, que fue derrocado por el tristemente famoso golpe militar de Pinochet en 1973. Allende tuvo el 36% de los votos y fue elegido porque en el Parlamento la democracia cristiana, pese a las presiones, votó por él cuando podía haberlo hecho por el conservador Jorge Alessandri, que había obtenido el 35%. Pero el «entusiasmo revolucionario» hizo que Allende -pese a su apoyo limitado- iniciara una «marcha al socialismo» que acabó con el sangriento golpe militar. El sociólogo francés de izquierdas, Alain Touraine, que estaba en Chile, escribió un dietario Vida y muerte del Chile popular, en el que se veía que aquello acabaría muy mal. Entonces, en Italia, el comunista Enrico Berlinguer tomó nota y propuso el compromiso histórico con la democracia cristiana.
El golpe de Pinochet fue terrible y acarreó una gran represión, pero en 1988, quince años después y de acuerdo con la constitución pinochetista, convocó un referéndum para continuar siete años más en el poder. Su balance económico no era malo, pero -contra pronóstico- perdió el referéndum y se retiró en 1990.
Y volvió la democracia, con una Constitución pactada y con la elección de un presidente democristiano. Y Chile volvió a ser una democracia normal con algunos presidentes socialistas, como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Pero el régimen distaba de ser perfecto y un estallido social lo hizo naufragar en 2019. El año anterior Sebastián Piñera, líder del partido conservador y uno de los hombres más ricos del país, había sido elegido cómodamente con el 57%, pero una huelga por el alza del precio de los transportes públicos y la carestía de la vida provocó una gran oleada de protestas. Y Piñera acabó su mandato abriendo un periodo constituyente, encargado a una Convención elegida en la que la extrema izquierda era mayoritaria.
Y en 2021 Boric fue elegido presidente con un programa radical, que quería enterrar todos los años -de 1990 hasta entonces- de «democracia condicionada por el pinochetismo». Otra vez la ilusión revolucionaria. Pero la Constitución progresista propuesta por Boric y la Convención fue derrotada en 2022 por el 62% de los votos. El impulso revolucionario se había agotado. Y otra Constitución -de signo conservador- también naufragó en 2023. Así, Boric ha acabado su mandato moderando su discurso y admitiendo que el capitalismo no se puede acabar tan alegremente como prometió en 2021.
Ahora -la tercera vez que es candidato- ha ganado Kast, la extrema derecha que no se declara pinochetista, pero dice que su dictadura tuvo cosas positivas. Su programa prioriza el orden -las encuestas dicen que es lo que más preocupa-, con cárceles de máxima seguridad, la expulsión de inmigrantes - aunque muchos son venezolanos que no deben ser de Maduro- y un fuerte recorte del gasto social. ¿Cómo el vecino Milei?
Está claro que la apuesta revolucionaria de Boric no ha sido un éxito. ¿Digerirá Chile el extremismo conservador de Kast que ha derrotado a la izquierda y liquidado a la derecha convencional? Lo único cierto es que Chile ha vuelto a los bandazos. Pero ahora, afortunadamente, sin violencia.
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