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Un caramelo, quizás amargo, para el puerto de Palma

Muelle de Sant Carles. Benet Bohigas
El puerto de Palma es un elemento esencial para la comunicación de la isla desde la creación de la ciudad, y quizás antes.
El trasiego de personas y mercancías es y ha sido constante, y sin duda esa debería ser la principal actividad portuaria.
Pero el puerto no es solo eso. Hace mucho que también los usos industrial, turístico, comercial y de navegación de recreo son muy intensos, lo que añade pingües beneficios al global de la gestión. La ciudad, a cambio, ha perdido la vista al mar desde el paseo marítimo y se ve excesivamente invadida algunos días por cruceristas que buscan la misma foto, el mismo recorrido e idéntico souvenir. Además los muelles apenas son lugares de paseo libre.
El dinero que han generado las actividades comerciales desde la antigüedad ha sido ingente. Para muestra basta ver como el Colegio de Mercaderes pudo construir en época medieval la Lonja y el actual Consolat de Mar con los impuestos que cobraban de las transacciones en el puerto de Palma.
La trascendencia estratégica del puerto se demuestra en que está declarado de interés general y por tanto es dependiente del Gobierno central. Hay una entente amigable desde hace tiempo y aunque el color político de Madrid y de Balears sea distinto, se acepta como presidente de APB (Autoridad portuaria de Baleares) el que proponga el ejecutivo autonómico.
Se puede afirmar que el puerto de Palma es una mina que se explota con intensidad. La facultad de crear negocio ha provocado siempre un afán de crecimiento desmedido y no sabemos si en algún momento considerarán que habrá que parar...
El Sr Javier Sanz, presidente de APB, anunció hace unos días que ya ha decidido el nuevo plan maestro del puerto, que pretende tener listo para el año 2036.
Creo que es casi igual al que ya anunció hace un año, y que fue contestado por varias entidades ciudadanas preocupadas por el Patrimonio Histórico y bastante cansadas del criterio de expansión continuo. Entonces se abrió un proceso participativo de esos que hace quedar bien a la Administración, pero en realidad no hay intención de introducir ningún cambio substancial.
Vendió el presidente de APB en rueda de prensa que el Moll Vell se recuperaría en parte para la ciudadanía con una zona verde y nuevo traslado del faro de la Riba, para intentar recrear el paseo del mismo nombre. Sonaba a música celestial, tan apropiada para estos días navideños. También construirían nuevos edificios para el Oceanográfico, y la Escuela Náutica y de Vela. Eso sí, anunció un «pequeño» crecimiento de muelles para esta última.
La actual zona industrial de reparación de embarcaciones se la piensan llevar al muelle de Sant Carles. También recordó que en el contramuelle Mollet, una vez que Astilleros de Mallorca se mude al muelle más lejano, se instalará el Museu Marítim de verdad, con barcas en el mar etc.
Ocultó, quizás para que la música no desafinara, que para llevar toda la actividad industrial al muelle de Sant Carles habrá que rellenar con toneladas y toneladas de piedra y hormigón que deberán ser llevados con camiones y extraídas no se sabe de dónde, una ensenada donde ahora solo hay agua de mar. Una obra molesta cara e innecesaria, porque si Astilleros se trasladara al Moll Vell junto a las instalaciones industriales que ya hay, nos ahorraríamos obras, pérdida de lámina de agua y mucho tiempo.
Ese hecho sería también positivo, porque la liberación del espacio ahora ocupado por la empresa náutica nos permitiría hacer realidad antes el Museu Marítim completo.
Y una cosa más, mantendríamos los elementos históricos más importantes del puerto: el Castell de Sant Carles, la Torre de señales de Portopí y la base naval sin casi intromisiones, permitiendo su contemplación y comprensión.
Pero APB no está por la labor de resaltar el valor histórico del puerto y adoptar criterios de limitación de crecimiento. Aunque haya amagado capacidad de diálogo, se ha quedado solo en eso, en un falso intento. Y el caramelo que ofrece, a muchos se nos antoja amargo.
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