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Opinión | Entrebancs

La antipolítica consume a la política y a la ciudadanía

Ayuso

Ayuso

La acción política, concretamente en las democracias, se ejerce en los diversos procesos electorales a través de los cuales los ciudadanos, hombres y mujeres, tenemos la posibilidad de elegir entre diversas propuestas políticas y sus consiguientes candidatos/as, cuyos resultados pueden conformar las diversas mayorías parlamentarias que posibiliten la aprobación o rechazo de las diversas propuestas legislativas y sus consiguientes poderes ejecutivos.

Estamos viviendo, malviviendo, unos tiempos confusos y repletos de incertidumbres e inestabilidades. En tiempos de fragmentación política resulta muy dificultosa la gobernabilidad y la estabilidad. Nos encontramos con dos mayorías posibles, aunque incompatibles. En las últimas elecciones generales obtuvo la mayoría parlamentaria los socialistas y diversos grupos progresistas presidida por Sánchez (PSOE). El partido popular (PP) no ha aceptado fácilmente tales resultados. El debate parlamentario se ha convertido en una batalla verbal basada en la descalificación política y personal.

Simultáneamente el clímax sociopolítico se ha enrarecido. El presidente del partido popular (PP), Núñez Feijóo sin proponer alternativas, más allá de la bajada de impuestos, frente a los graves problemas de índole socio/económica que nos afectan, intenta deslegitimar al actual Gobierno de coalición (y de paso a la propia democracia parlamentaria), aduciendo una supuesta ineficacia y debilidad. Su estrategia y táctica están aducidas de la presidenta madrileña, Díaz Ayuso, con ítems cercanos a la extrema derecha representada por Vox.

Si queremos salir victoriosos de esta crisis política y social necesitamos un buen gobierno y una buena oposición, estabilidad y gobernabilidad. Tenemos pendientes asignaturas de índole política y/o socioeconómica que no permiten dejarlas para mejor ocasión, desde el gobierno y desde la oposición. Debemos recuperar la política. Pero ahora ni el vigente sistema de financiación, ni el actual modelo del Estado de las Autonomías son útiles para hacer frente a los nuevos retos. Las imprescindibles reformas no pueden afrontarse desde meros mecanismos administrativos/contables. Es imprescindible abordarlo desde reformas estructurales (territoriales, administrativas y políticas) del Estado de las Autonomías.

Otro aspecto relevante y altamente significativo es nuestro Estado Autonómico con su composición territorial socioeconómica y cultural; con voluntad y capacidad para desarrollar nuestra actual estructura y redefinir la financiación autonómica. Los gobiernos de coalición no constituyen una anomalía democrática. Veinticuatro de los veintisiete gobiernos de la UE son de coalición. Este tipo de gobierno tiene lugar en contextos políticos fragmentados, donde el acuerdo y la conciliación de proyectos diferentes constituyen la única solución plausible para garantizar la gobernabilidad. El bloque de izquierda no lo tiene fácil. Debe pactar propuestas Parlamentarias y de Gobierno con diversas fuerzas políticas de talante progresista y algunas con tendencia soberanista. La fragmentación exige más dialogo, pero debe ir acompañada de una acción política orientada a reparar lo que en el tejido social está roto por la desigualdad: la mejora de unos servicios públicos, recuperar la esperanza del futuro para una juventud que no ha conocido más que una sucesión de crisis y oportunidades perdidas.

A modo de epílogo, la sociedad balear tiene debilidades y fortalezas, problemas y recursos para solucionarlos, pero es determinante la manera de afrontarlos y de ello dependerá en gran parte la confianza que esta sociedad tenga en los proyectos políticos, como alternativas estratégicas diferenciadas. En definitiva, los «liderazgos políticos y sociales», como exponente de una sociedad fuerte estructurada participativa y solidaria serán claves para que podamos asumir una mayor calidad de vida. Sin pasar por alto que el turismo del presente y del futuro sea una actividad económica básica pero no única, que se basen en criterios de sostenibilidad y de cohesión política/social.

Otro aspecto relevante y altamente significativo es nuestro Estado Autonómico con su composición territorial socioeconómica y cultural; con voluntad y capacidad para desarrollar nuestra actual estructura y redefinir la financiación autonómica.

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