Opinión | Tribuna
Catalina Cabrer
El movimiento se demuestra andando, también en igualdad

El movimiento se demuestra andando, también en igualdad / Eva Beatriz Cerdeiriña
Palabras no, movimiento. Hablar hoy de igualdad en el ámbito laboral exige algo más que proclamas. Exige políticas públicas concretas, compromiso institucional sostenido y, sobre todo, coherencia.
Porque la igualdad real no se construye con discursos grandilocuentes, sino con medidas que mejoran la vida de las mujeres y corrigen desigualdades estructurales que siguen presentes en el mercado de trabajo.
Acabamos de firmar el Plan de Igualdad en el Ámbito Laboral (PIAL) con los agentes sindicales y patronales más representativos de nuestra Comunidad Autónoma. Un instrumento que sitúa a la mujer trabajadora en el centro de las políticas de empleo y que apuesta de forma decidida por su desarrollo profesional, su autonomía económica y su acceso a espacios de responsabilidad. Un plan que entiende la igualdad no como un lema, sino como una política transversal que debe impregnar el acceso al empleo, la promoción profesional, la salud laboral, la contratación pública y la conciliación.
El PIAL parte de una idea clara: la mujer de hoy es una mujer empoderada, preparada, ambiciosa y libre, que no quiere renunciar a nada. Quiere trabajar, crecer profesionalmente, liderar proyectos y tomar decisiones. Y quiere hacerlo en igualdad de condiciones. Para ello, el plan fija objetivos concretos y se articula en ejes estratégicos que combinan igualdad de oportunidades, corresponsabilidad administrativa, prevención de desigualdades y acompañamiento a empresas y administraciones.
Este enfoque resulta especialmente relevante en un momento en el que, pese a los avances, las mujeres siguen concentrando las formas de empleo más frágiles, soportando una mayor parcialidad y encontrando más obstáculos para promocionar.
La igualdad no es automática, y mucho menos irreversible. Requiere constancia, evaluación y voluntad política.
Y aquí es donde conviene hacer una reflexión necesaria y responsable. Durante años, la izquierda ha hecho del feminismo una de sus principales señas de identidad, elevándolo a categoría moral incuestionable. Sin embargo, la reciente sucesión de episodios internos relacionados con comportamientos machistas, silencios prolongados y reacciones tardías ha puesto en evidencia una brecha preocupante entre el discurso y la práctica.
Los casos son graves y relevantes por sí mismos, pero también lo es la manera en que se afrontan. Porque cuando el compromiso con la igualdad es real, se aplica con el mismo rigor dentro de la propia organización que hacia fuera. No se activa solo cuando conviene políticamente. No se guarda en un cajón cuando incomoda. El verdadero compromiso con la igualdad se demuestra cuando hay que actuar hacia dentro, exigir responsabilidades y proteger a las mujeres incluso —y especialmente— cuando el coste político es alto.
La igualdad no puede ser un arma arrojadiza ni una etiqueta para revestir de superioridad moral a quien la enarbola. Debe traducirse en políticas públicas serias, con protocolos eficaces, prevención real y valentía institucional. Todo lo demás es marketing.
Por eso planes como el PIAL, desarrollado por la Dirección General de Conciliación e Igualdad en el Ámbito Laboral, marcan la diferencia. Su suscripción por todos los agentes sociales es garantía de éxito. Es muestra de diálogo. Es ejemplo de lo más importante: el movimiento se demuestra andando.
Los que a veces hablan palabras vacías y silencian otras atronadoras, son los que votaron en contra de la primera Ley de conciliación de Balears que orgullosamente podemos decir que aprobamos el pasado mes de julio. Ahora seguimos con la firma de este Plan de Igualdad 2026-2028, y continuaremos caminando por la igualdad, la conciliación y el derecho de la mujer como lo sabemos hacer nosotros: actuando.
En un tiempo en el que demasiados han confundido la defensa de la igualdad con propaganda, conviene recordarlo: defender a las mujeres es actuar, no posar. Y la credibilidad, como la igualdad, solo se sostiene cuando hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
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