Opinión | Escrito sin red
El silencio del puto amo

Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. / Jesús Hellín - Europa Press - Archivo
El lunes compareció en La Moncloa Sánchez bajo la forma de plasma, sin molestos periodistas. Lo hizo para notificar a la ciudadanía quién se iba a encargar de sustituir a Pilar Alegría, su candidata a presidir Aragón, en la labor de portavoz del Gobierno y en el ministerio de Educación, Elma Saiz y Milagros Tolón, respectivamente. La última, ex alcaldesa de Toledo y enemiga íntima de Emiliano García-Page. Ni una palabra sobre la catástrofe del PSOE en Extremadura. Ahora, a toro pasado, se entiende que Sánchez adelantara dos semanas el balance político de final de año. Se especulaba con que quería tomarse vacaciones en la nieve. Para nada, su adelanto obedecía a que conocía perfectamente lo que iba a ocurrir el 21 de diciembre. A lo largo de su desempeño está suficientemente acreditada su alergia a figurar en escenarios de derrota. Cada vez que en el Congreso se anunciaba una importante derrota del PSOE, entre otras, la reforma de la ley del sólo sí es sí, la senda de estabilidad o la aprobación de los tres decretos, su escaño permanecía vacío. El amo, el puto amo, sólo aparecía en momentos de gloria, de triunfo, lo que se correspondía con la imagen de líder progresista que salva a la nación del peligro de las derechas. Y lo que iba a ocurrir y ocurrió, con un candidato procesado, un presunto delincuente, un polichinela de Sánchez, fue una censura absoluta a su persona. A sus manejos corruptos y nepotistas para aforar a Gallardo y desplazar en el tiempo el juicio a su hermano, a la vulneración del principio de igualdad con la aprobación de la ley de amnistía, los indultos a los condenados del Procés, o la ruptura del principio de solidaridad con el cupo catalán y la condonación de la deuda de Cataluña. Todo ello percibido muy negativamente por una parte sustancial del electorado extremeño.
Tras lo sucedido el domingo, puede ser esclarecedor rememorar una magnífica portada de Hermano Lobo, un semanario humorístico, en 1975, de Chumy Chúmez, en la que un preboste del régimen espetaba a un gran auditorio: «O nosotros o el caos». El público respondía: «El caos, el caos». A lo que el mandamás retrucaba: «Es igual, también somos nosotros». En la campaña electoral, Sánchez acusaba al PP de fortalecer a Vox y animaba a los electores a movilizarse contra la extrema derecha; la elección era entre Vox y el PSOE. El resultado ha sido que Vox se ha disparado hasta el 17% y el PSOE ha obtenido el 25,72%, ha perdido 10 diputados y 106.000 votos. El llamamiento a frenar a Vox ha tenido como resultado que este partido ha ganado 40.000 votos respecto a la anterior votación y Unidas Podemos ha ganado 11.000. Dado que el PP ha perdido 10.000 votos y aun así ha ganado un diputado, la única explicación posible, dado que la abstención ha subido 10 puntos, radica en que una parte importante de la pérdida de votos del PSOE ha ido a la abstención, otra ha ido a UP y otra, importante, se ha dirigido a Vox, reforzando los extremos. Por mucho que podamos suponer que abstencionistas de las anteriores elecciones y algunos electores del PP se hayan dirigido esta vez a Vox, serían en número muy reducido. La única explicación, como ejemplifica el resultado de Badajoz capital, donde Vox ha superado al PSOE, es el trasvase de votos del PSOE a Vox, con lo que el llamamiento de Sánchez de «O yo o la ultraderecha» ha significado reforzar a la ultraderecha, en abierta contradicción con su proclama, suya y de sus voces amigas del periodismo, de que es el PP el que la refuerza. La cruda verdad es que el muro de Sánchez contra las derechas, la polarización política, ha servido para beneficiar a Sánchez, ha servido para mantenerle en el poder, pero ha perjudicado de forma quizá irreparable al PSOE. Vox empezó a crecer tras la nefasta gestión de Rajoy a propósito del procés, y se ha vuelto a disparar tras las leyes trans, el cupo catalán, la amnistía y al desbordamiento de la inmigración ilegal. Ha conseguido que una parte de la población, la más joven, perciba, ante el moderantismo del PP, que se ha negado a revisar leyes como la de igualdad de género, que es la única formación política capaz de la impugnación completa del sistema político que creen que les penaliza.
Guardiola quería la mayoría absoluta para desprenderse de Vox y no depender de esta formación para aprobar los presupuestos. Ha ganado un diputado y ha ganado las elecciones, pero ni ha conseguido la mayoría absoluta ni se ha deshecho de Vox. Muy al contrario, Vox ha doblado su representación. Podrá superar la investidura pues dispone de más diputados que toda la izquierda, a diferencia de las elecciones anteriores, pero no podrá aprobar los presupuestos sin los votos de Vox. Tras Extremadura se anuncian las elecciones en Aragón, otra comunidad que se siente muy concernida por los acuerdos de Sánchez con el independentismo catalán, el cupo, la deuda, el unilateralismo, por lo que cabe esperar otra derrota del PSOE, en un vía crucis que se alargará con las siguientes, Castilla y León y Andalucía. La tendencia ofrecida por los diferentes sondeos electorales es que el voto al PP está estabilizado en torno a los 140 diputados, quizá algunos más. Los resultados de Extremadura apuntan a una subida de Vox en torno a los 60 diputados en el conjunto del país. Es lo que parecen haber intuido ya Feijóo y el resto de dirigentes del PP que ya han abandonado el sueño de gobernar en solitario y contemplan la inevitabilidad de formar gobierno con Vox.
Por si no fuera pesada la mochila de escándalos de corrupción y acosos sexuales que acarrea Sánchez de sus más cercanos colaboradores, de la que nunca se enteró, ahora ha explotado el caso de la corrupción y las comisiones a cuenta del rescate de la compañía de aviación Plus Ultra. En ella se han visto implicados Rodríguez Zapatero, el Príncipe de las Tinieblas, y sus hijas. Se ha detenido a un empresario, Julio Martínez Martínez que borró todos sus mensajes del móvil tras entrevistarse con ZP en terrenos de Patrimonio Nacional de El Pardo. Tras lo cual el Gobierno ha clasificado como secreto oficial todo lo relacionado con ese rescate. Es otra demostración de la determinación, convicción y energía por defender la transparencia con la que se ufana Sánchez, otro escándalo mayúsculo. Todo engaño, mistificación, mentira. Así rematan sus peones femeninos de Ferraz lo de Extremadura: «Estamos más fuertes que nunca». De derrota en derrota hasta la derrota final.
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