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Opinión

Lo que he aprendido de 2025

El año no era un folio en blanco, sino un mapa de relieves muy definidos, y se ha mostrado tozudo en su resistencia a aceptar las modificaciones caprichosas pretendidas por sus habitantes

Lo que he aprendido de 2025

Lo que he aprendido de 2025 / DM

Ezra Klein (41) es el socialdemócrata de moda. Predica desde las páginas del New York Times, y su Abundance de título fácil de traducir es el libro del momento. Con toda sinceridad, posee más empuje que brillantez, y su juventud obliga a dilatar el veredicto sobre la dimensión histórica que le aguarda. Sin embargo, su presencia permite trabajar sobre el titular que ha adjuntado al balance de fin de año, «Lo que he aprendido en 2025».

En primer lugar, el encabezamiento de Klein ya revela un manifiesto optimista. La mejoría continua, encapsulada en dosis anuales de un aprendizaje inacabable. Sobre todo, la capacidad del ser humano de forjar los acontecimientos o las coordenadas temporales. Por eso, quienes ya no aspiran a cambiar el mundo pueden rebajar el titular a un modesto «Lo que he aprendido de 2025», que venía muy resabiado. El año no funciona como un folio en blanco, sino que aporta un mapa de relieves definidos, por eso se ha mostrado tozudo en su resistencia a aceptar las modificaciones caprichosas pretendidas por sus habitantes.

1. El ser humano ha perdido margen de maniobra. La superpoblación no aumenta el control del planeta, ni mucho menos la autonomía de sus habitantes. Al contrario, se necesitarían los recursos de dos Tierras para garantizar la satisfacción de las aspiraciones actuales de la humanidad, que además son crecientes. Impera el azar catastrófico, con ‘actos de Dios’ cada vez más mortíferos. Los recursos imponen su ley, la renuncia deja de ser voluntaria, se delinea el síndrome de los estantes vacíos.

2. Hay algo peor que votar ultraderecha, no entender su arraigo. Cuanto más predica la izquierda, más crece la extrema derecha, combatirla sin éxito se ha convertido en la única marca de identidad progresista. Sarkozy ya puede escribir sin complejos a la salida de la cárcel que «soy un hombre de derechas, sin arrepentimiento y sin complejos». Hubo años en que este manifiesto solo era tolerable desde el izquierdismo.

3. Franco ha muerto. El gran fiasco de 2025 han sido los fastos socialistas para demostrar que los dictadores también se mueren. Y perecen definitivamente, porque se han celebrado los cincuenta años de la defunción sin chispa, entre bostezos. Se entiende la decepción de los antifranquistas profesionales, que no han conseguido reanimar el cadáver. Festejar o denigrar a Franco equivale a interesarse por el presidente de Suiza.

4. Todos los mandatos presidenciales acaban igual. Hablando en décadas, de aquí a treinta años se rescatarán los valores de Pedro Sánchez. Mientras tanto, le aguarda el calvario que sufrió cada uno de sus predecesores al abandonar La Moncloa. Y cuando Aznar iba a ser el único presidente del Gobierno en desocupar el palacio sin traumas, se desencadenó el 11M.

5. Y Sánchez lo sabe. No será el último en enterarse de que su ciclo ha terminado, como Zapatero o Rajoy. A finales de 2025, en Extremadura le han expedido su parte de defunción como presidente socialista. Resistir no es lo mismo que agonizar, y en el auge de la extrema derecha fructifica una gran decepción con el Gobierno que ha incumplido todos sus postulados éticos. Sánchez se acabó, el helicóptero aguarda sobre el césped de La Moncloa.

6. Se ha inventado el cambio climático graduable con termostato. Hasta el apóstol Bill Gates reniega de la satanización del calentamiento global, que ha perdido virulencia política aunque se agrave su vigencia científica. El mismísimo J.D. Vance le lanza a Europa el sarcasmo de que «si han podido sobrevivir a años de críticas de Greta Thunberg, también podrán superar las acometidas de Elon Musk». Es la síntesis más exacta de 2025.

7. Ni un día sin Trump. Qué sería del planeta y del año 2025 si el presidente de América hubiera consagrado un solo día a la indolencia golfista. Cuando afirma que «podría dispararle a un tío en la Quinta Avenida sin perder ni un solo voto», no se debe centrar la atención en el magnetismo que transmite a sus votantes, sino en que tiene narices de dispararle a cualquiera en medio de la calle. Quedan avisados.

8. No más promesas, hechos. Los gobernantes de los diversos ámbitos multiplican los proyectos, que se materializarán a menudo en un plazo de décadas. Es decir, cuando nadie pueda pedir la rendición de cuentas y haya caducado la memoria de los anuncios. Un mero repaso a los clics de 2025 demostrará que la audiencia ha decidido prescindir de cualquier ensoñación sin materialización inmediata.

9. Rosalía, el mérito de los valores compartidos. Lo más impactante de la muerte de un Robe Iniesta es la urgencia por llorarlo en comunidad, incluidas la defensa de la ortodoxia y la persecución de la disidencia. La reivindicación del colectivo también se impone en la divinización del disco Lux de la artista catalana que, junto a Sirat, configura la impronta daliniana que España sigue inyectando al planeta en 2025.

10. El péndulo no se queda nunca parado. Es Trump quien abraza al socialista neoyorquino Mamdani, consciente de que sus amigos han encontrado a un sucesor en la oscilación perpetua. Ni la Inteligencia Artificial es un valor estable, tal vez una conclusión apropiada aunque Ezra Klein extrajo más y mejores enseñanzas de 2025.

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