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Opinión

Imbecilidad tipográfica

El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump. / Lukas Coch/AAP/dpa

En la segunda era Trump, cada vez es más difícil distinguir entre la realidad, la distopía y la broma. Todo lo que emite el presidente, sea en un post o en una de sus imperdibles ruedas de prensa, es tan disruptivo que a menudo parece un fake o directamente una creación imposible de la inteligencia artificial. Trump puede ser un fascista, un misógino y un racista, pero su equipo de comunicación es el más rápido, inteligente e innovador, y ha descubierto que no hay mejor método comunicativo que el del aplastamiento, apropiándose de la agenda global, inundando cada día todos los medios de noticias, insinuaciones y declaraciones. Este Gobierno, que lleva días sugiriendo una intervención en Venezuela, que atenaza a medio mundo con aranceles salvajes, que bombardea supuestas lanchas de narcotraficantes al mismo tiempo que monta falsas treguas con Israel, es también capaz de perder el tiempo con los detalles más nimios, con la única condición de que sean mediáticos. La última ocurrencia del solemne Gobierno de los Estados Unidos, por medio de su secretario de Estado Marco Rubio, ha sido la de intervenir en... ¡la tipografía! Aunque parezca un chiste, Rubio ha encontrado un hueco en una de las agendas más infernales del planeta para anunciar que Estados Unidos cambiará la tipografía Calibri por una Times New Roman en todas sus comunicaciones oficiales. Resulta que, según Rubio, su predecesor Anthony Blinken adoptó la Calibri por ser una letra más inclusiva y de lectura más fácil para la gente con problemas de vista y, esto según los Trump boys, es otra muestra de wokismo que hay que revertir inmediatamente.

La broma no termina aquí. Según el secretario de Estado, la fuente Calibri es una sans-serif (es decir, una letra de palo seco sin remates, ni ángulos rectos ni adornos), muestra del «izquierdismo radical», que hay que sustituir por la Times New Roman, la fuente, según él, «clásica y equilibrada» que representa mucho mejor los valores republicanos. Aparte de hacer el ridículo, lo que Rubio ha puesto en evidencia es su analfabetismo tipográfico, porque contraponer a la horrenda Calibri la igualmente horrenda Times New Roman es como intentar ponerse estupendo hablando de gastronomía reivindicando al Burger King frente al McDonald’s. Alguien le debería explicar a Rubio que hay fuentes sans-serif maravillosas, como por ejemplo la Helvetica, fuentes serif execrables, como su querida Times New Roman, y otras equilibradas y elegantes, como la Bodoni o la Garamond. Solo un auténtico imbécil puede llegar a pensar que hay letras de izquierdas o de derechas, quizás el mismo tipo de imbécil que monta campañas contra las vacunas, que predica la maldad de los inmigrantes o se cree de verdad la superioridad intrínseca del hombre blanco norteamericano que ellos representan tan bien. Probablemente, ya no podremos evitar que la administración Trump mate, robe e insulte a todos los que no piensen como ellos, pero al menos que saquen sus manos mugrientas de algo tan frágil, delicado o maravilloso como es la tipografía. Que nos dejen, al menos, leer en paz.

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