Opinión | Tribuna
Y si...
Supongo que lo que compramos con el décimo de lotería navideña es la posibilidad de fantasear sin culpa

Ilustración: Y si... / Freepik
Hoy no es cualquier día. Se celebra el sorteo casi místico y extraordinario de Navidad, y perdonen la vulgaridad, pero es algo que une a los españoles como sociedad de comunidades dispares más que la mismísima Nochebuena en familia. Y es que el dinero, ya saben, tiene la extraordinaria capacidad de hacernos soñar con los ojos abiertos. Por ello, supongo que lo que compramos con el décimo de lotería navideña es la posibilidad de fantasear sin culpa, de transformar y revertir el famoso «y si...» fatalista que a veces nos acompaña durante casi todo el año cuando anticipamos problemas y resignificarlo dándole un sentido más positivo. ¿Y si nos toca?
En fin, mientras los niños y niñas de la Residencia de San Ildefonso van cantando aquella melodía hipnótica tan popular que una buena mayoría habremos parodiado alguna vez, se me ocurre pensar en lo que nos viene a principios de año, el día 1 de enero sin más prórroga. Se trata de algo que, dejando a un lado las fantasías que produce el Sorteo del Niño, nos vuelve a unir de nuevo a todos, esta vez realizando un gasto de al menos unos 40 euros para adquirir obligatoriamente la baliza V16 homologada por la Dirección General de Tráfico (DGT). Un gasto elevado para quien llega haciendo malabares a final de mes y un dispendio que no tendrán que hacer los propietarios de los vehículos matriculados fuera de España, aquellos que circulan con matrículas de otros países de la Unión Europea o de los países con convenios bilaterales con España: Andorra, Argentina, Brasil, Colombia, Japón, Marruecos o Reino Unido, entre otros. También, como novedad, la misma DGT obligará a adaptarse a partir del 1 de enero a los usuarios de patinetes eléctricos a la nueva normativa que cambia de forma significativa la forma de usar estos vehículos de movilidad personal (VMP) en nuestro territorio. Algo necesario, sin duda, aunque algunos se enterarán cuando ya hayan cometido una falta. Porque así funciona a veces la magia administrativa.
También entrará en vigor el permiso retribuido de dos semanas extra para el cuidado de hijos de hasta 8 años, medida de la que se podrán beneficiar miles de familias.
Y si seguimos indagando por departamentos, seguramente que Hacienda también tiene preparado un buen catálogo de suculentas medidas.
Como ven, hay para todos los gustos: normas que alivian y otras que aprietan, beneficios y deberes que hay que cumplir, sin más. Y aquí es donde vuelve a aparecer el dinero, ese gran amortiguador que nos permitiría huir de planteamientos tales como, si reunimos requisitos, o qué formalidades hay que tramitar, o bien los «vuelva usted mañana», ahora en formato electrónico: «Su petición no ha podido ser registrada. Inténtelo de nuevo más tarde». El dinero nos daría esa agradable sensación de flotar por encima de la retahíla anual de órdenes y obligaciones; una percepción de aparente y engañosa seguridad, como si fuéramos inmunes, aunque sólo fuera por un rato.
Un sueño, ese de la lotería que nos toca, que nos permitiría flotar para no ahogarnos del todo o elevarnos en el aire con los ojos cerrados como seres de luz llamados a trascender, que esquivan todas esas balas, sin que se les mueva un solo fotón de su aura. Y con eso, despegarnos por un tiempo de algunos problemas, del ruido y de las exigencias. Ains... ¿Y si...?
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