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Opinión | Editorial

Tala indiscriminada de bellasombras en Palma

Tala de los bellasombras de la plaza Llorenç Villalonga.

Tala de los bellasombras de la plaza Llorenç Villalonga. / Manu Mielniezuk

La tala de todas las bellasombras de la plaza Llorenç Villalonga por «razones de seguridad» ha generado una gran controversia social, que ha enfrentado al Ayuntamiento de Palma con colectivos vecinales y diversas organizaciones sociales. Se recrimina al gobierno del alcalde Jaime Martínez falta de transparencia, sensibilidad y diálogo en una actuación que exigía máxima empatía y rigor científico por afectar a una masa arbórea madura, que desde hace más de medio siglo formaba parte del patrimonio sentimental y paisajístico de Ciutat y que, desgraciadamente, acumulaba demasiado maltrato, desde talas previas al embaldosado de la tierra que sustentaba las raíces de los imponentes árboles. En un contexto de cambio climático, que obliga a repensar las urbes, a preservar tesoros verdes, a contemplar cada árbol como un ser vivo valioso en sí mismo, a renaturalizar espacios encementados, a generar refugios frescos que procuren alivio frente al letal mercurio que no deja de batir récords de temperatura y de cobrarse vidas cada verano, este episodio ha descolocado tanto por el fondo como por las formas. El gobierno municipal insiste en que su decisión responde al «elevado riesgo de fractura o caída» recogido en informes del servicio de Parques y Jardines y que ha sido avalada por la Justicia, tras un litigio no exento de polémica. Como los vecinos que asistieron impotentes a la entrada de las motosierras en la plaza durante la madrugada del pasado jueves y que después trasladaron su desolación al pleno municipal, la entidad ecologista Amics de la Terra vio decaer la medida cautelar que se había aceptado en primera instancia para suspender la tala a fin de estudiar con mayor detenimiento el asunto. Ante la exigencia de refuerzo de la seguridad, Cort se limitó a acordonar la plaza con unas vallas que horas después aparecieron tiradas bajo la muralla. El tribunal consideró que la medida había fallado y en lugar de exigir mayor solvencia en la protección, optó por dar vía libre al exterminio.

La Asociación Española del Árbol ve «poco creíble» que cada uno de los diecisiete ejemplares presentaran un riesgo tan extremo que justificara su total aniquilación, un proceder «cruel», en palabras de Arca. No se entiende que ante el debate suscitado y alto valor del área afectada el gobierno municipal no se haya tomado un poco más de tiempo para explorar todas las opciones de pervivencia, de acuerdo con el compromiso adquirido por el propio consistorio como firmante de la carta de los Derechos del Árbol. Tampoco se explica que no haya dado cuenta pormenorizada a los medios de comunicación de los informes técnicos que sustentan la decisión. La democracia exige transparencia y rendición de cuentas ante la opinión pública, no actos de fe. Lo contrario da pábulo a rumores y especulaciones, como la posible instalación de una terraza o las vistas al mar para los hoteles de la plaza, que algunos esgrimen como verdadero motivo de la tala y que Cort niega con rotundidad. Para restablecer la confianza, urge mostrar los informes y las analíticas de las bellasombras sacrificadas, así como trabajar junto a los vecinos y las entidades sociales la prometida reforestación de una de las plazas más bellas del Mediterráneo, hasta ahora.

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