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Opinión

Paralelismos históricos

Adolf Hitler.

Adolf Hitler. / Agencias.

Hitler era un austriaco excéntrico, mal estudiante y poco trabajador en una Austria imperial que gestaba un pangermanismo que odiaba al resto de nacionalidades: rumanos, checos, húngaros y judíos. Aconteció la rendición alemana que puso fin a la Primera Guerra Mundial y Alemania dejó de ser una monarquía para convertirse en la República democrática de Weimar liderada por políticos socialdemócratas y judíos que se vieron obligados a firmar el Tratado de Versalles. Supuso la pérdida del trece por ciento del territorio y unas condiciones e indemnizaciones de guerra draconianas que catalizaron el sentimiento nacional de rechazo al continente.

Los líderes conservadores del ejército no asumieron ninguna responsabilidad y alimentaron la teoría conspirativa de que no perdieron la guerra, sino que fue una puñalada por la espalda de los socialdemócratas y judíos a los que tildaron de comunistas.

En este contexto de enorme polarización política de 1921, Hitler se afilia a un partido obrero alemán regional donde destacó por su excepcional oratoria. Avivó el enorme resentimiento e ira que existía en la sociedad alemana canalizando esa energía hasta cotas increíbles. Fijó mensajes de odio a los judíos bajo el lema de que «Alemania vuelva a ser grande» (sic). Explotó el torbellino de resentimiento hacia el Tratado de Versalles y se convirtió en el líder dejando claro que su partido no sería democrático. Creó las SA como un grupo paramilitar (ICE): matones que daban palizas y detenían a la gente arbitrariamente (judíos y comunistas, ahora latinos y negros en USA).

Intentó un golpe de estado que no cuajó por falta de apoyo policial y militar (asalto al Capitolio) y fue detenido, pero en su alegato ante el tribunal se convirtió en una estrella nacional emocionando incluso a los jueces que redujeron su sentencia de cinco años a seis meses en una cárcel palacio donde recibía visitas y seguía predicando que los eslavos eran series inferiores. Escribió Mein Kampf, un tratado delirante donde explicaba que quería conquistar Alemania con violencia y por las urnas. Salió de la cárcel a finales de 1924.

Después del Crac de 1929 los americanos retiraron las ayudas a los préstamos alemanes dejando el país en la más absoluta pobreza. La población se radicalizó entre comunistas y nazis. Estos últimos se acercaron a la clase obrera infiltrándose en todos los estamentos y organizando grupos de apoyo comunitarios. Lanzaban consignas antiinmigración y antiglobalización populistas y nacionalistas que cuajaron, especialmente en las zonas rurales (revival en 2025). De tal forma que en las elecciones de 1930 obtuvo el 18 por ciento de los votos con el apoyo juvenil mayoritario (bufff). Hindenburg es reelegido jefe de estado, pero la debilidad parlamentaria es enorme. Von Papen, líder de un partido conservador que odiaba la democracia de Weimar, a los socialistas y a los comunistas y quería formar un gobierno autoritario conservador, cometió el mayor error político de la historia aupando a Hitler y al Partido Nazi a una coalición conservadora pensando que lo podría dominar a pesar de que Hitler puso como condición ser el canciller alemán.

El 27 de febrero de 1933 se incendia el Reichstag y detienen en las ruinas a un holandés (Van der Lubbe) que había incendiado otros edificios oficiales. Goering y Hitler acuden gritando que han sido los comunistas. Noventa años después han surgido evidencias de la utilización de un agente petroquímico acelerante que no llevaba consigo el holandés, lo que incita a pensar. Hitler convence a Hindenburg de suspender las libertades civiles y a la Cámara de votar su propia disolución. La Ley Habilitante otorga el poder legislativo a Hitler durante cuatro años. Cuando se reanuda la actividad parlamentaria se prohíbe a los diputados comunistas entrar en el Parlamento, poco tiempo después prohíbe los partidos políticos y se convierte en dictador. Los nazis no ganaron las lecciones, la derecha les entregó el poder.

Es una demostración histórica de que una democracia no se destruye de repente. Es un largo proceso, lento, un goteo de pequeñas decisiones que puede acontecer en cualquier sociedad que se deje llevar por la autocomplacencia. El Partido Nazi tardó 11 años en convertirse en el régimen nazi de infausto recuerdo. 91 años después AfD es líder en intención de voto.

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