Opinión | Escrito sin red
El mejor momento de nuestra historia democrática

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. Comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca
Fue el día de la celebración de la Constitución cuando un exultante Pedro Sánchez proclamó que «había que decir alto y claro que España vive hoy uno de los mejores momentos de nuestra historia democrática». Como si posteriormente hubiera pensado que lo dicho el 6 de diciembre estuviera incompleto, que respondía a una constatación compartida por las buenas gentes progresistas o, simplemente, por las buenas gentes, pero no daba razón del verdadero porqué; el lunes, en su comparecencia de final de año ante los periodistas dio la razón de ello: «Este Gobierno hace una gestión extraordinaria y por eso es uno de los mejores de la historia». Afirmó que en el Gobierno estaban cargados de determinación, convicción y energía. Anunció como medidas importantes para el nuevo curso el establecimiento de un abono de transporte para cercanías, el aumento de sueldo a los funcionarios y una reunión con Junqueras.
No se recató en proclamar, a preguntas de los periodistas, que contra el acoso sexual había establecido un protocolo para prevenirlo y corregirlo; que ante su irrupción se había actuado de forma contundente. De la misma manera se había actuado contra la corrupción, con contundencia y transparencia. Ni una palabra sobre la inacción sobre las denuncias de mujeres del PSOE contra su hombre de confianza, Paco Salazar, en el mes de junio. Ni una palabra sobre la decisión del PSOE de no tramitar de oficio las denuncias de acoso ante la fiscalía y archivarlas. Ni una palabra sobre el silencio de Besteiro en Galicia, conocedor del acoso de Tomé en la Diputación de Lugo desde octubre. Sobre la transparencia, ni una palabra sobre los gastos de la Flotilla de la Libertad de Gaza. Ni una sola palabra, total sigilo, sobre las andanzas de Rodríguez Zapatero, escoltado por la policía, con el empresario Julio Martínez Martínez en terrenos de Patrimonio del Estado en el monte del Pardo, investigado por blanqueo de fondos procedentes del contrabando de oro y saqueo de ayudas sociales de Venezuela a través de la estructura societaria de Plus Ultra, rescatada por el Gobierno con 53 millones de euros. Se detuvo a Martínez de forma acelerada por la UDEF, por una filtración. Tras la reunión con Zapatero había borrado todos sus mensajes del móvil, como García Ortiz. Era Martínez cliente de las hijas de ZP que, salpicadas, se han borrado de Twitter. Hay otros detenidos, el presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola y el consejero delegado, Roberto Rovelli, a resultas del destino del importe del rescate.
A preguntas de periodistas sobre el no haberse enterado de nada sobre Ábalos, Cerdán y Koldo García a propósito de la trama de las mascarillas, Servinabar, el puterío, el fraude de hidrocarburos, discurseó sobre lo mucho más difícil que era para él saber de los manejos de alguien con quien se sentaba en los consejos de ministros, un desconocido, que para otros saber de los negocios de un narcotraficante con el que pasaban sus vacaciones. Pellizco a Núñez Feijóo. Aunque esas artimañas del «y tú más» ya le son reprochadas hasta por sus socios más fiables, como ERC y el nuevo líder de una izquierda sedicentemente impoluta, Gabriel Rufián, que comienzan a declararse incómodos: «que no empiece otra vez a dar pena, que ya no cuela, que entonar una vez más el «y tú más» significa «yo también». Sobre la prevaricación, malversación, tráfico de influencias, organización criminal, de Antxon Alonso, Leire Díaz, esa militante de base, y Vicente Fernández, ex presidente de la SEPI, persona de confianza de la carbonizada María Jesús Montero, por las que han conseguido de Tubos Reunidos, también rescatada, más de 700.000 euros, ni palabra. Por supuesto la indignación también ha impregnado a su socio de Gobierno. Yolanda Díaz llegó a declarar lo insoportable de la situación y reclamar una renovación drástica del Gobierno. Un déjà vu que, como los anteriores, se ha disuelto como un azucarillo en el goce de los privilegios de sentarse en las sillas del Gobierno. ¿Cómo van a poder prescindir de los privilegios y los sueldos nunca soñados a los que están agarrados como garrapatas? Siempre amagan, pero es pura hipocresía, cuento, mentira.
¿Cómo interpretar esos ditirambos dirigidos al Gobierno, que no son sino ditirambos a sí mismo en una España angustiada por el coste de la vida, la imposibilidad del acceso a la vivienda, el aumento incesante en los niveles de pobreza, y la ausencia de esperanza en el futuro? ¿Cómo interpretar ese autoelogio de vivir el mejor momento de nuestra historia democrática con un presidente sin mayoría parlamentaria ni social entregado a los enemigos de la nación; con su partido cuestionado por la corrupción y el machismo de sus dirigentes; con su Fiscal General condenado por el Tribunal Supremo; con sus familiares procesados por la Justicia; con un presidente cargado con la determinación, la convicción y la energía de gobernar sin el Congreso de los Diputados, sólo impregnado del duro deseo de durar, como el que caracteriza a todos los autócratas que en la historia han sido? Cuando esos autoelogios proferidos por el dirigente del Gobierno de la nación están reñidos con la realidad que viven los ciudadanos, cuando el lenguaje del poder no tiene que ver con ella, cuando dice que le renta a la ciudadanía, pero, al tiempo, no la deja manifestarse en unas elecciones, esa dirigencia está acabada. Algunos interpretan que Sánchez ha perdido el control de su propia crisis, que avanza a ritmo desbocado alimentándose de sí misma. Otros, que vive una realidad paralela. Otros apuntan a una disrupción cognitiva esquizoide. Otros interpretan sus ditirambos como una gran impostura por la que aspira a mantener cohesionado a ese 25% de electores seducidos por ese único eslogan con el que en Extremadura ha llamado a votar la candidatura de Gallardo, un candidato procesado con el que Sánchez quiere conseguir el aforamiento de su hermano y dilatar el procedimiento judicial, el de que hay que votar al PSOE «para que no gane la derecha». El eslogan se completará cuando ya todo salte por los aires, cuando llame a votar por él para que no gobierne el PP con la extrema derecha de Vox, que voten por él, por el que gracias a su política divisiva y guerra civilista Vox ha crecido hasta el punto de estar en condiciones de imponer su presencia en un gobierno de coalición con el PP. Así piensa incendiar España. Para poder volver.
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