Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna

Francina Armengol: silencio atronador ante los casos de acoso sexual en el PSOE

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, durante el acto institucional por el Día de la Constitución

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, durante el acto institucional por el Día de la Constitución / EP

Los casos de acoso sexual, comportamientos degradantes y actitudes machistas vinculados al PSOE en los últimos años no son episodios aislados. Son el síntoma de un ecosistema interno deteriorado, con protocolos que prometen mucho bajo una dirección que no actúa. Desde Ignacio Caraballo que presidió la Diputación y secretario general del PSOE de Huelva, Antonio Navarro líder del PSOE en Torremolinos, Francisco Salazar asesor de la Moncloa y muy cercano a Sánchez y el último conocido José Tomé presidente de la diputación de Lugo denunciado por acoso sexual por seis mujeres, todos ellos han seguido exactamente el mismo patrón: silencio inicial, inacción deliberada y movimientos tardíos. Ninguna prevención, ninguna defensa efectiva, ninguna valentía. Solo miedo, cálculo político y autoprotección.

En este escenario, lo más escandaloso no son sólo los casos, sino el papel de quienes se han envuelto en la bandera del feminismo para luego esconderse en cuanto el problema afecta a los suyos. Y aquí la figura de Francina Armengol es especialmente significativa, que ha construido buena parte de su trayectoria envuelta en un discurso público de compromiso con la igualdad, la defensa de las mujeres y la tolerancia cero hacia cualquier forma de acoso, pero cuando el PSOE ha encadenado denuncias de acoso, ha optado por callar. No por prudencia: por conveniencia. Su silencio no es neutro, es político. Y su mensaje es devastador: la prioridad no es defender a las mujeres, sino evitar molestar a la maquinaria del partido.

Una dirigente que se proclama feminista no puede desaparecer cuando su propio partido encadena escándalos machistas, por no citar las conversaciones entre Ábalos y Koldo, un ejercicio de desprecio hacia las mujeres tan brutal que cuesta creer que alguien pudiera pronunciarlo sin avergonzarse. Una feminista real habría denunciado la dejadez de su partido, habría exigido responsabilidad, habría defendido a las víctimas desde el minuto uno. Armengol predica feminismo, pero su hipocresía se revela en cada silencio.

Porque si estos casos se hubieran producido en otro partido, o en otro ámbito de la sociedad, Armengol habría encabezado la crítica mediática y política, denunciando la doble moral, el machismo estructural y la impunidad. Pero cuando afectan al PSOE, la contundencia desaparece, la indignación se diluye y el feminismo combativo se esfuma. Queda una quietud incómoda que revela una contradicción evidente: el feminismo como arma contra el adversario, pero no como mecanismo de autocrítica.

El problema del PSOE además de los casos de acoso es la reacción: mirar hacia otro lado y esperar hasta que la prensa obligue a actuar. Un partido que presume de feminismo no puede permitirse esa cobardía sistemática. Y menos aún cuando sus principales referentes femeninos optan por el silencio justo cuando deberían ser la voz más firme.

El PSOE se vende como defensor de los derechos de las mujeres, pero los hechos lo desmienten. Calló cuando el CGPJ advirtió que la ley del «sí es sí» podría rebajar condenas de violadores y agresores sexuales, no movió un dedo, y ya son más de 1.200. Ahora, con las denuncias de acoso a colaboradores y cargos propios, Sánchez vuelve a quedar al descubierto: no ha actuado cuando el escándalo estalló, protege su imagen antes que a las víctimas y mira hacia otro lado cuando los suyos están implicados. Con un historial así, no puede presentarse como el partido que defiende a las mujeres. Es más, podemos decir que el PSOE es el partido que más ha desprotegido a las mujeres desde que Sánchez gobierna.

Lo más repugnante de todo es que cuando acaben de leer estas líneas habrán salido nuevos casos, nuevos nombres de hombres vinculados al PSOE acusados de acosar y abusar, nuevas víctimas habrán dado el paso para que se sepa que no basta con ser socialista para ser feminista tal y como ellos pregonan. Y sí, seguiremos sin ninguna condena por parte de Francina Armengol. Su silencio es atronador.

Tracking Pixel Contents