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Opinión

Los ‘esclatasangs’ y la vida

Como en la vida, hay que madrugar para conseguir frutos. Los enclaves más propicios aparecen en los amaneceres... Si se te pegan las sábanas, otro llenará antes que tú el cesto

Temporada de setas | Las imágenes de la recolecta de 'esclata-sangs'

Temporada de setas | Las imágenes de la recolecta de 'esclata-sangs' / R.F. / G.B.

Hay pocas cosas tan gratificantes para un mallorquín como encontrar esclatasangs, nuestra seta por antonomasia. La búsqueda de este hongo es una clara metáfora de la vida.

Lo primero que cabe resaltar es la magia de su nombre. El hecho de que nada más tocarlo suelte un látex rojizo, que te colorea los dedos, hizo que, siglos ha, se le bautizara como esclatasang. Es una palabra precisa, pedagógica y hasta mística. Me recuerda a la terminología católica: el cuerpo y la sangre de Jesucristo, la sangre de los mártires, los sangrados de Semana Santa, sudar sangre en la pasión…

Tiene muchísimas más denominaciones (rovelló, robellón, mízcalo, níscalo, guiscano, pinetell, rebollón, hongo royo, reboñuelo, mícula, pinga de ouro…), según el sitio donde crezca. Ninguna de ellas alcanza la plasticidad, la explosión sonora mallorquina. Quizás la única que se aproxima un poco es la del euskera: esne gorri o ziza gorri; pero ni de lejos.

Su apellido científico es lactarius deliciosus. Delicia: es una auténtica delicia, un don de una naturaleza cada vez más castigada y presionada por la humanidad. Todos anhelamos una vida dulce, feliz. Por eso la buscamos.

En nuestra isla la costumbre pasa de padres a hijos y de abuelos a nietos. Guardar la omertá para terceros sobre los bosques o marinas donde se esconde este tesoro micológico es el primer mandamiento. También hay gente que se ha ido al otro mundo sin revelar nunca en qué parajes triunfaba todos los fines de semana. Ni a sus descendientes les confesó el secreto.

Como en la vida, hay que madrugar para conseguir frutos. Los enclaves más propicios aparecen en los amaneceres del otoño-invierno llenos de coches. Si se te pegan las sábanas, otro llenará antes que tú el cesto.

Se puede ir de excursión en grupo. Es más divertido y seguro. Además, luego viene el gratificante almuerzo tras las caminatas. No obstante, en el monte todos se separan; cada uno va a lo suyo. Las personas pertenecen a una generación. Hay compañeros de colegio, de instituto, de universidad y de barrio, amigos y familiares. Son seres que te acompañan en algunas etapas.

Aunque el acomodo particular, el hallar una profesión adecuada, un hogar digno, una pareja sana y el formar una familia son tareas individuales.

No es lo mismo salir a recolectar esclatasangs que cosecharlos. Es diferente soñar con unas metas vitales que alcanzarlas.

Hay buenas y malas temporadas para la micología; depende de la pluviometría, de la temperatura y de otros factores. Existen épocas más benignas para los hombres y otras horrorosas. La actual es pésima para parte de la juventud por el problema de la vivienda, la miseria salarial y el miedo a un conflicto mundial.

No hay que desfallecer. Se debe intentar. Puedes salir al campo y regresar a casa con la cesta vacía o unas pocas setas. No pasa nada. Otro día se dará mejor la travesía.

Los hay que, como en la economía, llenan canastos y canastos. Enseguida se hacen fotos (redes sociales, televisiones, revistas del corazón) y presumen de sus excelentes cosechas y de sus habilidades como buscadores.

Unos pocos ejemplares pueden alegrar el día a las personas corrientes. Nuestra gastronomía ofrece recetas sencillas para que la reina de los pinares muestre toda su seducción, que es infinita.

Un último consejo: hay setas buenas, malas y regulares. Para avanzar hay que distinguir las especies comestibles de las venenosas. Todos necesitamos guías que nos ilustren. Hay que apartarse de los tóxicos existenciales.

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