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Opinión | Pensar, compartir...

Los ombús seguirán dando bella sombra, por ahora

Bellasombra, por ahora, salvada

Bellasombra, por ahora, salvada / Àngels Fermoselle Paterna

Me acerqué durante la festividad de la Inmaculada a ver, quizás por última vez, las Bellasombras de la plaza Llorenç Villalonga de Dalt Murada. Iba cámara en mano para inmortalizar sus imponentes troncos. Las encontré, desvalidas, pese a su envergadura. Nueve de ellas estaban envueltas por una cinta roja y blanca que indicaba su aciago futuro y con un cartel que decía: «Talas de árboles programadas para días 11 y 12. Disculpen las molestias».

Era temprano, aunque ya había suficiente luz. Dos hombres de unos 50 años se acercaron a leer el texto y entablaron una breve conversación bastante indignada. La copié textualmente en mi bloc de notas.

- ¿Van a cortar estos árboles que llevan toda la puta vida aquí?

- Talar es cortar. Se los van a cargar, tiene toda la pinta.

- ¿Y porque quieren cargárselos?

Desde luego, en los carteles no encontraron ninguna explicación.

El ombú o bellasombra es un árbol herbáceo de origen sudamericano. Dicen que su nombre proviene del guaraní, idioma que se conserva especialmente en Paraguay. Hace unos días, en mi tienda, dos mujeres sudamericanas hablaban entre ellas en una lengua de la que no entendía ni una palabra. Les pregunté y me contestaron que era guaraní y que en sus aldeas de origen era la lengua habitual. Acabamos cantando juntas la canción del pájaro chogüí, alucinando ellas de que yo la supiera y yo de la maravillosa diversidad de lenguas que se conservan y el cariño con el que me lo explicaban. El nombre del ave pronunciado por ellas era distinto y recordaban que en la escuela cantaban esa melodía.

La canción data de 1945 y pese a que está compuesta por un argentino es considerada una polka paraguaya.

La canción es triste y alegre al mismo tiempo. Basada en una leyenda cuenta que un «indiecito» guaraní que estaba encaramado a un árbol cayó sobresaltado por el grito de su madre y murió. Entre los brazos maternales se convirtió inmediatamente en un lindo pájaro azul, el chogüí. El alegre estribillo arrastra la tristeza y garantiza la pervivencia en la memoria del bullanguero crío transformado.

Ni el chogüí ni el ombú son seres vivos que habiten naturalmente el Mediterráneo. Pero la introducción de especies vegetales exóticas en jardines es algo habitual. Por algún sitio he leído que la trajo a España el hijo de Colón y los primeros ejemplares se cultivaron en Sevilla. ¿Es la bellasombra (Phytolacca dioica) una planta apropiada para alineaciones arbóreas en la ciudad? No. ¿Significa eso que debamos exterminar las pocas que hay en plazas y jardines? En mi opinión, no.

Los técnicos municipales que hace años abogan por talar las phytolaccas lo hacen amparados por criterios profesionales. Hay riesgo de caída de ramas y al ser el ombú un árbol que acumula mucha agua pese a ser de leña floja, su peso es enorme. Pero la seguridad total en materia de arbolado es imposible, y riesgo de desprendimiento de ramas por rotura lo hay en cualquier ejemplar de cualquier especie. Hay maneras de prevenir daños a las personas aumentando la zona de tierra y poniendo indicaciones.

Pero la mejor manera de garantizar la salud de los árboles, tan necesarios en la ciudad, también es invertir en su mantenimiento, y eso, durante los quizás 60 años de vida de nuestros ombús, no se ha hecho correctamente. Basta ver las cicatrices de podas drásticas que tienen los árboles, hecho que los debilita por riesgo de podredumbre interior.

Me gustaría que la tregua que los vecinos, especialmente las vecinas, consiguieron estos días para nuestros ombús, fuera definitiva y que las sustituciones de ejemplares que haya que hacer, se hagan de manera paulatina y muy bien explicada. Así evitaremos conversaciones indignadas y, aunque no sean chogüís, otros pájaros podrán seguir ocupando las ramas de las bellasombras, como reivindicaba Rosa Planas en su último artículo.

Me alegró que los responsables políticos decidieran rectificar y detener temporalmente, por ahora, la tala. Era el primer paso que se necesitaba. A ver si encontramos una solución que pase por no perder tanto verde consolidado que forma parte de nuestro paisaje.

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