Opinión
Motosierra municipal para 17 bellasombras de Palma

Vista de la plaza Llorenç Villalonga, con los 17 bellasombras en el centro / Miguel Vicens
Desde lo alto del Baluard del Príncep, los diecisiete ejemplares de bellasombra que Cort ha sentenciado se ven como uno solo, como una única copa tupida y poderosa que atraviesa la plaza Llorenç Villalonga de Palma de lado a lado, como si en sus últimos días de vida hubieran decidido unirse ante la adversidad de la tala colectiva que el Ayuntamiento les ha prometido. Y eso que, si no fuera por su presencia tan singular, esa zona de Dalt Murada no podría disimular todas sus carencias: el descuido municipal de su pavimento o el abandono de sus parterres asilvestrados y llenos de basura.
El Ayuntamiento de Palma está terminando de montar estos días el patíbulo para hacer tabla rasa en la plaza y acabar con los diecisiete ejemplares de bellasombra que llevan ahí más de sesenta años creciendo, un perímetro de barrera metálica para que nadie moleste a la motosierra municipal cuando despierte y empiece el estruendo. Los vecinos han colgado en cada uno de los troncos carteles que claman por su supervivencia: "No a la tala", "Mon cor estima un arbre", "Vull viure, no em mateu", "Més ombra, més vida", "Somos 17 bellasombras, 17 nobles presencias" o sencillamente "Palma os necesita".

Un ejemplar de bellasombra con el cartel: "Palma os necesita" / Miguel Vicens
El pasado jueves, más de ochenta vecinos de sa Calatrava, pero también de otros barrios de Palma y algunos integrantes de entidades ecologistas, se encadenaron a las siete de la mañana alrededor de los árboles para pedir al Ayuntamiento que reconsidere su "decisión radical" y busque otras alternativas al diagnóstico de que esos ejemplares de bellasombra están enfermos y suponen un riesgo para los viandantes: crear alcorques más amplios, realizar podas selectivas o decretar cierres temporales de la parte arbolada de la plaza los días de temporal. Pero Cort no se baja del burro.
Pese a todo, resulta esperanzador que incluso en estos tiempos de ciudadanía apática, donde el Ayuntamiento está tan acostumbrado a imponer cada día su santa voluntad sin el menor problema, ignorando todos los cauces de participación, un grupo de ciudadanos dignos le diga en voz alta que se equivoca, que eso no está bien, que existen otras alternativas, que las zonas verdes hay que respetarlas porque también forman parte de nuestro patrimonio. Hay que encadenarse más a los árboles. Y hacerlo como quien se encadena a un amor, una amistad, un poema o una parte de la ciudad que forma parte de la memoria colectiva. Luego se puede perder o ganar. Pero seguro que la próxima vez el consistorio de turno se lo piensa dos veces.

El Ayuntamiento de Palma ha cerrado la plaza con barreras para talar todos los bellasombras / Miguel Vicens
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