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Opinión | Tribuna

Frente a la peste porcina, hacemos lo que hay que hacer

Se elevan a trece los jabalíes infectados por peste porcina africana

Se elevan a trece los jabalíes infectados por peste porcina africana

Las decisiones en sanidad animal siempre son difíciles e ingratas. Causan trastornos a ganaderos y operadores del sector, generan incomprensión y recelo en la ciudadanía y los consumidores, y casi siempre perjudican a alguien. Pero las que no se toman acaban pasando factura. Prohibir la celebración de una feria, dictar la inmovilización de una explotación por fiebre Q o lengua azul, impedir el traslado de animales a matadero u ordenar el sacrificio obligatorio por tuberculosis son medidas difíciles. Mantener un buen estatus sanitario de la cabaña ganadera es clave para garantizar la calidad de las producciones, la seguridad alimentaria y la apertura de mercados.

Cada enfermedad requiere su propia estrategia. El principal factor diferenciador es si es zoonótica o no, es decir, su posible transmisión a humanos. También influyen su origen, la forma de contagio, el periodo de incubación, la velocidad de propagación, la sintomatología y sus efectos sobre la producción y la mortalidad. Estos factores determinan su clasificación a nivel europeo y los programas de control, contención o erradicación. En los últimos tiempos se han sucedido varias alertas sanitarias y puede parecer que todas las medidas son iguales, pero no lo son. No es lo mismo la gripe aviar, zoonótica y vigilada por todas las autoridades sanitarias europeas, además de transmitirse por numerosas aves silvestres que comparten espacio en nuestras islas, que la peste porcina, que, siendo muy grave para la cabaña ganadera, no es zoonótica y cuyo principal vector, el jabalí, no está presente en las islas.

Tampoco es lo mismo declarar una alerta por la detección de focos en nuestro territorio, como en el caso de la lengua azul, que aplicar medidas preventivas cuando la enfermedad se declara en otros territorios del Estado. Siempre tratamos de que las medidas sean ponderadas y racionales. Lo más complejo es mantener el equilibrio entre la erradicación, la contención y no frenar la producción ni el comercio. No siempre se logra, pero cuando las crisis se alargan escuchamos al sector, a sus organizaciones y a los veterinarios, y flexibilizamos las medidas cuando la realidad lo permite.

En el caso de la peste porcina africana el umbral de alarma social ha aumentado. El sector lleva varias alertas seguidas y se siente desbordado. Además, la enfermedad tiene efectos gravísimos para la cabaña porcina y no existe vacuna. Pero no hay improvisación. Desde que la enfermedad reapareció en jabalís en el este de Europa, recibimos periódicamente información técnica sobre nuevos focos. Por ello nos hemos dotado de planes y protocolos. Aplicamos desde hace cuatro años el Plan Nacional de Vigilancia Sanitaria frente al riesgo de incursión de Peste Porcina Africana. En Balears supone una media de 700 analíticas anuales en las explotaciones de mayor riesgo, además del resto de medidas. Asimismo, se ha elaborado un Protocolo Oficial de Actuación frente a la Peste Porcina que define las medidas, la clasificación del riesgo de las explotaciones y el control de la bioseguridad mediante la actualización de las encuestas correspondientes.

Desde el primer momento de la declaración de foco en Cataluña, hemos analizado los datos de todos los movimientos de porcino procedentes de otras comunidades hacia las Illes Balears, tanto a matadero como a explotaciones de engorde, para detectar riesgos y, en su caso, analizar las explotaciones de destino y se intensificó la vigilancia en coordinación con las autoridades de origen. Se están revisando los Planes de Bioseguridad de las explotaciones con mayor riesgo. Pero, lo que no podemos ni debemos, es restringir la entrada de porcino de zonas que están fuera de las áreas de restricción, porque no existen razones sanitarias para ello y porque sería incoherente con la defensa de la regionalización que estamos exigiendo al resto de los países europeos.

Las decisiones en sanidad animal se debaten y se adoptan en el seno del Comité RASVE, que reúne al Ministerio y a los directores generales competentes, y deben ser coherentes con la evolución de las enfermedades. En definitiva, se hace lo que hay que hacer.

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