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Opinión

Un país atrapado en el bloqueo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia). / Miguel Lorenzo / Delegaciones

España vive atrapada en el bloqueo. Para entender el momento político que atraviesa, hay que mirar dos pantallas a la vez: la de un Gobierno paralizado porque en el Congreso no ha conseguido mantener la mayoría que lo invistió y a la expectativa de los escándalos que puedan revelar sus ex altos cargos encarcelados y la de una oposición abonada a la protesta en la calle ante la imposibilidad de armar una alternativa institucional que pueda desatascar la situación.

El Ejecutivo ha perdido toda capacidad de iniciativa en el Congreso y cualquier anuncio que hace, por ejemplo la subida salarial a los funcionarios, queda a expensas de una ratificación en la Cámara baja que no está en absoluto garantizada. Tras decaer el techo de gasto y la senda de déficit el jueves pasado, que cierra cualquier posibilidad de que haya Presupuestos, la mejor noticia para Sánchez es que solo queda una sesión plenaria programada en las Cortes hasta el mes de febrero. No es solo una pausa técnica provocada por las vacaciones, es un balón de oxígeno ante la parálisis estructural que limita la acción política del Gobierno.

Todo ello, aderezado por las revelaciones diarias -sin pruebas pero de un gran impacto mediático- del entorno del exministro José Luis Ábalos o Koldo García, y a la espera de la comparecencia de Santos Cerdán en el Senado. Atentos a la cuenta de X @abalosmeco, rebautizada como En el nombre de Ábalos, no se sabe muy bien si en homenaje al cineasta Jim Sheridan o al Papa Leon XIV.

Al otro lado del hemiciclo, la protesta en la calle del PP cohesiona a los suyos, mantiene la tensión, alimenta el relato de la excepcionalidad institucional... y poco más. Se mantiene viva la indignación en redes y tertulias, pero la calle queda muy lejos de ser una palanca para desatascar la situación porque no hay mayoría alternativa ni la moción de censura es viable. El riesgo de generar frustración es importante y Vox está al acecho.

A Abascal es a quien menos le preocupa que este país esté en suspenso.

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