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Opinión | Tribuna

Los terceros presupuestos de Galmés pensando en Mallorca

El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, junto al vicepresidente insular, Pedro Bestard, y el conseller insular de Hacienda, Rafel Bosch

El presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, junto al vicepresidente insular, Pedro Bestard, y el conseller insular de Hacienda, Rafel Bosch / N.C.B.

El Consell de Mallorca ha aprobado el presupuesto de 2026 para nuestra tierra. Un presupuesto expansivo, el más alto de la historia y también el más social, que destina seis de cada diez euros a políticas que protegen a quienes más lo necesitan.

Por tercer año consecutivo, el gobierno del presidente Galmés asume la responsabilidad de dar soluciones reales a los mallorquines, consciente de la dificultad de revertir la negligencia de la anterior legislatura, más ocupada en sus tensiones internas que en gobernar. Ahora estamos centrados en poner orden y tranquilidad, desde el consenso que da un pacto sólido y el rumbo claro de un liderazgo estable.

Para el Grupo Popular ha sido motivo de orgullo votar iniciativas que refuerzan a los más vulnerables: la reforma de la Llar dels Ancians, que creará 52 plazas adaptadas y humanas, o los programas del IMAS para niños y adolescentes en acogimiento residencial.

Mallorca arrastra una emergencia social tras ocho años sin políticas de vivienda asequible. Aunque el Consell no tiene competencias directas, el presidente Galmés incorpora un esfuerzo valiente al poner en marcha un programa pionero para facilitar el acceso a la vivienda a las personas más vulnerables, aquellas que lo tienen más difícil, como son las personas con discapacidad y riesgo de exclusión social. Se trata del proyecto «Ca meva» que se ubicará en el edificio de Ses Germanetes recientemente adquirido por este gobierno popular.

También el territorio necesitaba un giro. No olvidemos que la legislatura Cladera dejó perder 230 millones de un convenio estatal por pura dejadez. Por eso 2026 será el año de actuaciones clave: el inicio del segundo cinturón en el Coll d’en Rebassa, una red de viales cívicos para desplazamientos sostenibles, refuerzos de firme y mejoras de accesos a Palma, junto con la continuidad del transporte público gratuito pese al voto en contra del PSOE en el Senado.

Será también el año en que se ejecuten las esperadas obras de la variante de Sant Llorenç, pendientes desde la torrentada que tanto dolor causó en el Llevant. El anterior gobierno no asumió responsabilidades ni actuó. Hoy el proyecto está en licitación y será una realidad.

En Cultura, el avance es evidente: doblamos presupuesto respecto a la etapa anterior y abrimos la cultura a todos. Recuperamos espacios como la Misericòrdia, el Museo Marítimo o el Belén de la Sang; mejoramos los Premis Mallorca en nuestras dos lenguas; mantenemos la promoción del catalán; impulsamos la artesanía, la Navidad y un nuevo premio para artistas visuales.

A todo ello se suman la protección de la Serra de Tramuntana o el refuerzo del control del alquiler turístico ilegal.

Y lo que más nos enorgullece: 2026 será un presupuesto profundamente municipalista. Los ayuntamientos reciben 70 millones para obras, servicios, ciclo del agua, sostenibilidad, entre otras inversiones y según sus necesidades. Llevamos cinco Asambleas de Alcaldes en dos años, muy lejos del ninguneo del pasado.

Los consellers que representamos la mayoría social hemos dado un apoyo firme porque sabemos que son los mejores presupuestos para Mallorca, pese a una oposición casi desaparecida, sin proyecto ni liderazgo, más preocupada en poner trabas que en aportar. El «cuanto peor, mejor» ya no engaña a nadie.

Los mallorquines no quieren enfrentamientos, quieren soluciones. Y este gobierno valiente y decidido se las está dando.

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