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Opinión | Pensar, compartir...

La defensora ofrece recomendaciones justas

Anna Moilanen con ARCA en la campañas No pintadas vandálicas

Anna Moilanen con ARCA en la campañas No pintadas vandálicas

La Defensora de la Ciudadanía es uno de los últimos recursos que tenemos cuando queremos defender un derecho o proponer mejoras para la ciudad y todos los otros caminos a nuestra disposición no nos han servido de nada. Pero no solo eso. En el caso de Palma, la Defensora, Anna Moilanen, mujer a la que admiro por su generosidad y capacidad de entrega, se encarga de supervisar, cuando es necesario, la actividad de la Administración en nombre de la ciudadanía. Igual que hace el Defensor del Pueblo, pero a otro nivel.  

Las defensorías son conquistas democráticas que se han implantado en España, tanto en ayuntamientos como en las Cortes Generales. Cargos similares hay en las universidades, hospitales y también relacionadas con el consumo en diversas vertientes: transporte, banca, cesta de la compra..., aunque estos no se regulan igual. 

Lo más atractivo de la figura institucional de la Defensora en el Ayuntamiento de Palma es que es independiente de cualquier partido y, de hecho, su elección se produce por amplia mayoría, lo que obliga al consenso. Con lo que también se evita compromisos ni ideológicos ni programáticos con cualquier grupo político. Defiende a las personas de la calle que, justificadamente, recurren a ella cuando los órganos de gobierno o administrativos formales no contestan de manera satisfactoria o simplemente no contestan. 

La Defensora ha visto reducido su presupuesto y, en consecuencia, el personal a su cargo de manera asfixiante en esta legislatura. Resulta agotador intentar defender una conquista democrática y un trabajo serio, cuando te van cortando los apoyos y desprecian tu trabajo. 

Se equivoca el grupo municipal de VOX al repetir constantemente que el trabajo de la Defensora es inútil porque duplica los esfuerzos de la Administración, o cuando argumentan que los grupos municipales como el suyo pueden atender quejas de la ciudadanía igual que lo hace ella. Claro que pueden y deben hacerlo, pero nunca será lo mismo; es inevitable que los grupos tengan un sesgo ideológico y filtren en función de sus afinidades, filias o fobias. Y el ciudadano, a quien la Administración le da portazos en la cara constantemente, merece un recurso independiente al que acudir, como es la Defensora, sin sentirse manipulado políticamente. Ese es el quid de la cuestión. 

Ofenden al insinuar, como han hecho en el salón de plenos, que Anna Moilanen cobra y su antecesor no. Omiten la información real, que es que su predecesor cobraba una pensión de jubilación más abultada que el sueldo que le correspondía por su nuevo cargo, y lógicamente optó por mantener su entrada económica habitual. Lo mismo ocurre con algún regidor o diputado mallorquín en la actualidad, hecho legítimo y lógico. Lo que no es lógico es insinuar que un trabajo de responsabilidad, serio y de representación democrática, no debe cobrarse. 

He acudido a Anna Moilanen, junto a la organización a la que represento, para pedir su auxilio en varios casos concretos y citaré tres: ante la proliferación insoportable de pintadas vandálicas; por evitar el salvajismo de los patinetes y algunas bicicletas sobre las aceras, y para salvar el monumento de sa Feixina. En las tres ocasiones encontramos simpatía y esfuerzos para conseguir vías de diálogo, mejoras y consenso con quienes gobernaban. 

Ahora leo con interés sus dos últimos informes: uno sobre los abusos de las terrazas de bares y restaurantes en el espacio público y otro sobre la necesaria mejora en los servicios de rampa para acceder a los autobuses de la EMT. Toda la razón. Creo que a Palma le iría mejor si en lugar de boicotear a una institución imprescindible y a una mujer que ha elevado la categoría del servicio, le hiciéramos más caso. 

Anna propone esfuerzo de adaptación de todas las paradas de bus para una accesibilidad real. Respecto a las terrazas, sugiere volver a marcar sus límites en el suelo, a fin de que la impunidad se note y se revierta. Los responsables municipales están de acuerdo, pero no les gusta marcarlas con pintura amarilla. Coincido. La pintura amarilla afea y aunque no esté montada la terraza en festivos, se nota su huella. Hay soluciones más estéticas y simples. Pues que se lleven a cabo y no pasen otra serie de años en la que siga imperando el desorden y los excesos de ocupación del espacio público, que al fin y al cabo es lo que pide Moilanen. 

Y otra propuesta para controlar las terrazas, esta de cosecha propia: ¿por qué no se abre un apartado en Ia web del Ayuntamiento en el que figuren todas las concesiones de las terrazas con el dibujo del espacio otorgado a cada bar o restaurante, solo con el dato añadido de la dirección y el nombre del establecimiento? Así desde la ciudadanía podríamos consultar y si es preciso denunciar y no nos jugaríamos el pellejo, como ahora, que debemos acudir a la puerta del establecimiento y buscar el cartelito con el dibujo, si es que está.

Facilitar la información y asegurar el control es garantía de democracia y mejora la convivencia. Es lo que busca la Defensora de la Ciudadanía ofreciendo recomendaciones justas.

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