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Opinión

No tenéis argumentos

Los cipreses paran el viento más violento y los árboles en su conjunto nos ayudan a respirar

En los años sesenta costó mucho convencer a la gente del Empordà para parapetar los frutales con un verde muro. Parece ser que primero lo probaron en el Llenguadoc, el Rosselló y en la Provenza donde se empezaron a sembrar cipreses en hilera espesa para salvaguardar de los vientos a ciertos cultivos. Auténticas paredes de esas elegantes coníferas sobre todo contra el mestral, del norte también. Los cuadros de Dalí proyectan un intenso rojo de sangre en sus panoramas más cristalinos. Esta fabulosa costumbre fue cuajando en todo el territorio y no es nada difícil encontrar esas barreras naturales contra la furia de una fuerza invisible que cuando se monta causa estragos. En Mallorca alegremente también se generalizó este sistema.

El granizo, hace unos días, ha destrozado la campaña de patata en sa Pobla. Se siguen arrasando hectáreas de algarrobos centenarios impunemente para instalar esa bazofia de placas solares, vaya fiasco. Cuando el ecologismo está en manos del capital de siempre, puedes acabar vendiendo a tu madre. Por aquí cerca han liquidado más cultivos de secano y han puesto árboles de aguacate. Y claro, con las heladas de estas últimas madrugadas amanecen los campos tapaditos y vestidos de plástico uno a uno, que tragan miles de litros de agua y luego pretenden adoctrinar sin ningún tipo de regulación o gestión racional del territorio. No hago referencias políticas pues contra los árboles no se salva nadie.

Al principio, el ciprés, no hacía mucha gracia con el pretexto de que era un árbol de cementerio, pero lo que hoy es un auténtico cementerio vegetal es la impune destroza en la sustitución de las arboledas de secano, con la gran variedad biológica que albergaban en su seno ni se imaginan, por esta infamia de aparente revolución energética. (Hay cientos de miles de rincones en autopistas y otros lugares neutros para generar esa energía). Y todo al mismo tiempo que la comunidad médica corrobora el aumento de cáncer de pulmón en la isla. Pasen y vean la chimenea de Son Reus con su incineración cualquier día nublado, añadan todo el humo de los cruceros con un predominio anual de los vientos del sur al gran parque automovilístico, y sabrán por qué algunos profesionales han activado la alarma, y no pongo nombres de los doctores para no darles más problemas a esas gentes que vigilan como centinelas la salud de todos sin ser atendidos ni escuchados. Han detectado los últimos años niveles de toxicidad, en las avenidas de Palma, superiores a los de Madrid.

Los cipreses nunca han creído en Dios, pero paran el viento más violento y los árboles en su conjunto nos ayudan a respirar… aunque seas fascista o autoproclamada feninista radical en un país en el que para hacer emerger las renovables, el plan ya es arrasar los bosques. Prevenir los incendios eliminando todos los árboles, como sostuvo algún político del ala republicana de los EUA, aquí igual… o todo o nada: para proteger a las mujeres que son víctimas de una maldita violencia de género que sigue aumentando se criminaliza y se generaliza a destajo destrozando a no pocas familias desde su raíz. Respirar lo hacemos todas y todos y para respirar necesitamos los árboles, todos o casi todos. Como decía en el siglo pasado Toni Garrit de sa Colònia de Sant Pere: «Si atures d’alenar…estàs llest». El ciprés más hermoso es el que vive acorralado de bella arquitectura en antiguos cercados de piedra o en cualquier rincón con cierto gusto y planificación. En la copa de esas espadas o lanzas de verdor nidifican los verdecillos y los jilgueros y muy lejos de ser caballos de troya de la parca son sedes verticales de mucha vida, mucha música y mucho color. Déjense de prejuicios, suelen acabar siendo muy peligrosos.

Los cientos de miles de planchas metálicas en estática formación, cara al sol, no anuncian nada bueno. Pan para hoy, más cáncer para mañana. Si este tipo de energía se ha de seguir nutriendo de la mermada población vegetal, alguna de ella anterior al hombre en esta isla, estaría bien llevar esta cuestión a los parlamentos para que cada mandatario de turno nos vaya explicando y justificando esta barbarie. Raquel Carson, bióloga y escritora, murió de cáncer pero gracias a su empeño e investigación consiguió que el senado de Norteamérica prohibiese los pesticidas en todo el territorio, más tarde en muchas partes del mundo. Algo que en principio parecía imposible. ¿Dónde estáis las políticas y los políticos a la hora de defender algo semejante?¿A alguna o alguno de ustedes les puede interesar llevar algo así al Congreso, podrán algún día y de una vez por todas recordar que todas y todos respiramos o deberíamos intentar continuar haciéndolo, y dejar de mirarse los genitales y sus intrínsecas características? Atentamente.

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