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Opinión | Tribuna

Rejuvenecer es posible, aunque envejecer sea inevitable

Investigación con células madre.

Investigación con células madre. / ARCHIVO

En el encuentro entre Xi Jinping y Vladímir Putin el pasado septiembre, lo más llamativo no fueron los asuntos geopolíticos ni el petróleo que Rusia vende a China para compensar la pérdida de la UE como cliente, sino su conversación sobre el avance de la biomedicina regenerativa. Ambos ponderaban la posibilidad de ampliar la esperanza de vida hasta los 150 años ya en la próxima década. Hablaban del camino hacia una utópica inmortalidad, de trasplantes de órganos —según palabras del traductor captadas por un micrófono abierto— o quizás de implantes de organoides (mini-órganos en 3D creados a partir de células madre humanas) que permiten experimentar con tratamientos, incluso personalizados si se construyen a partir de células madre del propio paciente; o quizás les habrían anticipado algo de la investigación publicada en Cell, dos meses después, este noviembre, sobre los avances en rejuvenecimiento. Titulada Human Senescence-Resistant Mesenchymal Progenitor Cells Counteract Aging in Primates (Células progenitoras mesenquimales humanas resistentes a la senescencia contrarrestan el envejecimiento en primates, traducción propia), está encabezada por Jinghui Lei y otros cinco científicos chinos calificados (conjuntamente) como primeros autores, además de 54 coautores. Posiblemente marque un hito científico extraordinario: muestra que es posible revertir el envejecimiento en primates (macacos) fisiológicamente comparables a humanos de entre 60 y 70 años.

China ya destaca en investigación científica en química, física, ciencias de materiales e ingeniería, y avanza con fuerza camino de adelantar a EEUU también en salud. Contribuyen a ello los recortes de Donald Trump a la financiación pública y lo ilustra claramente este estudio multicéntrico publicado en Cell, en el que intervienen 21 centros de China, uno de Japón y solo dos de EEUU. Entre ellos destaca Altos Labs (California y Reino Unido), financiado por influyentes millonarios y que ha reclutado, entre otros, al premio Nobel de Medicina Shinya Yamanaka y al científico español Juan Carlos Izpisua, uno de los líderes mundiales en este campo y coautor senior del estudio.

La investigación demuestra el efecto rejuvenecedor generado por la administración de células derivadas de células madre humanas adultas, modificadas genéticamente. Los resultados apuntan a que gran parte del beneficio depende de los exosomas, esas pequeñas vesículas que las células —incluidas las células madre— liberan para distribuir en el organismo proteínas, mensajeros genéticos y otras moléculas reguladoras que participan en la reparación y regeneración de tejidos.

En este estudio se utilizaron células multipotentes capaces de diferenciarse en diversos tipos celulares, como hueso, cartílago, tejido adiposo, sangre, linfa y otros. Suelen obtenerse de la médula ósea, de la grasa o de la sangre del cordón umbilical. Estas células se modificaron genéticamente para hacerlas más resistentes al deterioro, al estrés ambiental y a la transformación maligna, mediante la modificación del gen FOXO3A, perteneciente a una de las cinco familias de genes que sabemos están más directamente vinculadas con la longevidad. Al ser más resistentes, los investigadores lograron un efecto rejuvenecedor de estas células más persistente y amplio que en estudios previos, con menos resistencias fisiológicas y riesgos; lo que abre la puerta a una futura autorización terapéutica.

Destacamos tres aspectos clave del avance científico:

1. Demostración del efecto rejuvenecedor en macacos mayores, comparables a humanos de 60–70 años.

2. Rejuvenecimiento multiorgánico y generalizado, evidenciado tras estudiar 61 tejidos y sistemas distintos.

3. Identificación de los exosomas como posibles contribuidores centrales al efecto rejuvenecedor, lo que sugiere que los producidos por las células madre naturales podrían ejercer efectos similares, abriendo así una alternativa potencialmente más segura que la terapia celular directa.

El estudio nos recuerda que el envejecimiento implica el deterioro progresivo de células y tejidos, incluida la pérdida de eficacia de las células madre, y que la medicina regenerativa busca revertir este proceso actuando sobre sus causas profundas más que sobre sus síntomas. Podremos rejuvenecer mediante terapias con células multipotentes como las descritas, mediante la reactivación de las células madre, o a través de la administración de sus exosomas o del contenido molecular de estos. Todo dependerá, según los autores, de investigaciones que profundicen en los efectos a largo plazo, en el conocimiento preciso de la composición de los exosomas y en los mecanismos de interacción entre células, exosomas y el sistema inmunitario del huésped.

Hoy, los chinos son los espiados: cuando estas terapias se consideren seguras —incluso antes de que sean aprobadas oficialmente—, surge una pregunta inevitable: ¿quién tendrá acceso a ellas?

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