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Opinión

Cada vez más humanos. Cada vez más perros

Perro asomado en una ventana de un coche

Perro asomado en una ventana de un coche / Pixabay

¿Por qué amamos tanto a los perros? Por una parte, nos conmueven su inocencia e ingenuidad; por otro, nos conforta la generosa incondicionalidad de su amor; por otro más, nos divierten su astucia, egoísmo y ausencia de escrúpulos morales. ¿Un compendio de todo lo que nos falta y lo que nos sobra, un espejo invertido?, ¿la nostalgia de una presencia doméstica y manejable de la animalidad perdida? Otra forma de pensarlo, menos supremacista y nada piadosa con nuestra especie, sería verlos como un reflejo directo en el espejo a pequeña escala, sin los filtrajes de la máscara personal, de lo que en el fondo somos, con nuestras ingenuas creencias, los tenaces empeños de amor y los ardides del interés. En todo caso, la distancia se acorta día a día: a fuerza de investirlos de atributos humanos van perdiendo aquella animalidad, mientras la crisis del humanismo y el culto al egoísmo nos acercan a ella.

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