Opinión
El espejo de Aliança
El partido de Orriols absorbe votos de todo el espectro ideológico porque plantea de manera desacomplejada, aunque sea de forma vacía e ineficaz, los temas que preocupan a los ciudadanos

Sílvia Orriols, al Parlament de Catalunya. / David Zorrakino
El gallinero político catalán está alborotado. Las encuestas pronosticaban desde hace tiempo un aumento considerable de Aliança Catalana, y el último CEO ha sido elocuente: el partido de Sílvia Orriols, nacido hace cuatro días con una mano atrás y otra delante, se situaría como tercera fuerza del Parlament, a dos escaños de ERC y empatado con Junts. Por la parte baja, Comuns, PP y CUP se convertirían en las tres opciones marginales del Parlament. Es decir, tanto el partido que aspira a gobernar España como los dos partidos que nos dan lecciones permanentes de moralina revolucionaria quedarían por los suelos. Pero lo más importante sería el cambio de paradigma: la enorme dispersión del voto, la pérdida de influencia de los partidos mayoritarios y la evidencia de un Parlament tan fracturado como ingobernable. Si se añade la amarga guinda del crecimiento de Vox (que ya venía de una subida previa importante), el retrato del Parlament y de la sociedad catalana se convierte en un enorme jeroglífico.
Ahora vendrán los tiempos de los lamentos, las alarmas y los llamamientos a matar al lobo, constatada su presencia. La mayoría de los partidos lo resolverán con la retórica simplista habitual: «Llega la extrema derecha catalana», y la demonización al uso, boicot, estigmatización, cultura de la cancelación... Pero ninguno de ellos hará la autocrítica pertinente, a pesar de que el cambio de paradigma no llega por generación espontánea, sino por la acumulación de errores, escándalos e inoperancia de los partidos tradicionales. Los ciudadanos no cambian repentinamente el voto porque hayan tenido una epifanía, sino porque han acumulado una profunda desconfianza hacia los partidos que habitualmente los representaban. Dicho de otro modo, han dejado a los ciudadanos quemados, desatendidos, decepcionados y finalmente abandonados a merced de las nuevas opciones que lo deslumbran.
El caso de AC es, en este sentido, emblemático, y las pruebas están en el hecho de que el partido de Sílvia Orriols obtiene votos de todas las opciones: de Junts y ERC, y también de la CUP, en el ámbito de la cuestión nacional; y del PSC, PP e incluso de los Comuns en el ámbito ideológico. El dato es, en este sentido, muy claro: AC sube en las comarcas de voto tradicionalmente catalanista, pero también lo hace de manera considerable en el cinturón rojo del Barcelonès, donde el voto de los partidos españoles tiende a ser mayoritario. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque, instalados en el permanente elephant in the room de la corrección política, Aliança ha osado reventar las verdades evidentes que son ignoradas. Por eso absorbe votos de todo el espectro ideológico, porque plantea de manera desacomplejada -y a menudo abrupta- los temas transversales que preocupan a los ciudadanos.
Las fuentes de donde emanan sus votos son tres: Catalunya, inmigración y/o seguridad, e islam. En cuanto a la cuestión nacional, el análisis es bastante obvio. Gran parte de la ciudadanía que se implicó con toda su ilusión en el procés catalán ha quedado profundamente decepcionada, tanto por el fracaso de la declaración de independencia como por la falta de estrategia política y la fragmentación posterior. No hace falta decir que la represión ha contribuido a profundizar la decepción, pero el hecho es que, con el movimiento independentista vagando por el desierto, muchos de ellos han creído encontrar en Orriols a un Moisés redentor. Da igual que AC no tenga ningún proyecto real y eficaz para conseguir la independencia: domina la retórica, y en los estómagos desesperados de los independentistas, los verbos inflamados calman el hambre. Sea como sea, en este segmento de voto, AC es el producto directo del fracaso del procés catalán.
Pero no solo eso, porque Aliança ha sabido plantear dos temas políticamente tabú, por más que existan dentro de los hogares: el problema de la seguridad, la multirreincidencia y la inmigración descontrolada, y el reto democrático que representa la ideología salafista en nuestra sociedad. Lo hace del modo vacío e ineficaz del populismo, pero entra de lleno en cuestiones que preocupan a la gente, mientras otros hacen la maniobra del avestruz. Sobre todo el tripartito PSC-ERC-Comuns, cuya demagogia va pareja a su incapacidad para resolverlos. Por eso Aliança Catalana sube, porque ocupa el espacio que han abandonado los demás. De la inoperancia de los viejos, se alimentan los nuevos.
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