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Opinión | Una ibicenca fuera de Ibiza

Otro marido estupendo (que mata a su mujer)

Violencia machista.

Violencia machista.

Hace años participé en una Mesa Redonda en el Club Diario de Ibiza sobre Violencia de Género y Medios de Comunicación. Entre las experiencias compartidas por otros periodistas, yo llevé una serie de titulares agrupados en categorías: «Las mujeres mueren», «Las mujeres matan», «Y la culpa fue...» y «Asesino pero buena persona», pariente cercano del título de esta columna: «Otro marido estupendo (que mata a su mujer)».

Permítanme recuperar algunos de esos titulares reales sobre crímenes que algunos nostálgicos insisten en llamar violencia intrafamiliar y que, los que gustamos de cifras y datos irrefutables, denominamos violencia de género, violencia machista:

Ellas mueren:

Una joven de 26 años muere a manos de su pareja en Tenerife; Una mujer muere en Fuerteventura -y en Roquetas, Jerez, Torrejón y en Valencia-; Una mujer muere estrangulada a manos de su marido en Madrid; Muere una mujer a golpes en Oviedo a manos de su compañero; Tres mujeres pierden la vida a manos de sus parejas o exparejas en 24 horas; Una mujer muere tras ser apuñalada siete veces por su expareja; Otra mujer pierde la vida en Tenerife.

Ellas matan:

Mata a su marido de un martillazo; Una mujer apuñala y mata a su pareja en Manacor; Una mujer mata a puñaladas a su exnovio, al que había denunciado por maltrato.

Ellas mueren y ellos son asesinados:

22 hombres han sido asesinados por mujeres que eran su pareja o expareja en tres años. 151 mujeres muertas en ese mismo periodo por un varón con el que tenían o habían tenido relación sentimental.

Y la culpa fue...:

La volcánica relación que mató a Lourdes; La asesinada en Vinaròs fue descuartizada y enterrada por vestir ropa demasiado corta; Un hombre de 24 años estrangula a su novia, de 26, en Valencia: le dieron celos por unos whatsapps; Ramón Laso, el psicópata que mataba por amor: Mató en 1988 a su esposa y su hijo y en 2009 acabó con la vida de su segunda mujer y de su cuñado.

Asesino pero buena persona:

El parricida de Úbeda «adoraba a su mujer y a sus hijos»; Eugenio, el autor confeso de la muerte de Manuela Chavero: un agricultor amante de los caballos; El conde de Atarés, en sus redes sociales tenía una foto de su mujer y decía ser un amante de España.

En 2025, a pocos días del Día contra la Violencia de Género, con 38 mujeres —para cuando escribo estas letras— asesinadas, tres menores asesinados y otros veinte huérfanos, y sin constancia de ningún hombre muerto a manos de su pareja —esto es: por su mujer—, queda latente lo necesario, ¡lo urgente! del tratamiento de estos crímenes más allá de los medios.

En el minuto de silencio convocado el pasado lunes en Alpedrete por la mujer asesinada número 38 —apuñalada 50 veces por su marido, que luego se suicidó—, el alcalde, Juan Rodríguez (PP, y que gobierna en coalición con Vox), convirtió el acto en una insólita justificación del crimen. «Yo no lo veo como una violencia de género hacia la mujer. Sería quitarse de en medio e intentar resolver el problema de una manera más drástica e incomprensible para muchos». Presentó al asesino como «un padre ejemplar que quería mucho a sus hijos ¡y cómo no! a su mujer», excusándolo por «las negativas del sistema a reconocerle una enfermedad, sumado a los dolores de espalda que tenía», que no le permitieran «haberse jubilado», sugiriendo el asesinato de su mujer «para que no tenga que seguir sufriendo».

Tal fue la indignación levantada que no tardó en rectificar lamentando que sus palabras habían podido «ser malinterpretadas» pero dejando claro su «rechazo sin paliativos» a la violencia contra las mujeres.

Horas después, eran los hijos de la pareja los de publicar un comunicado en respuesta a un mensaje del presidente, Pedro Sánchez («Frente a la violencia machista no hay medias tintas: o estás con las víctimas o con los negacionistas que blanquean a los agresores») defendiendo a su padre como «un hombre ejemplar, un marido único y el mejor padre posible», al que «nuestra madre quería con locura», y culpando directamente al «sistema»: «A nuestros padres los mataron».

Y desde el respeto absoluto al dolor inimaginable de quienes han perdido a ambos progenitores, de golpe, que deben afrontar el suicidio del padre tras asesinar a su madre asestándole cincuenta cuchilladas ¡cincuenta cuchilladas!, este es el tipo de aseveraciones que no pueden continuar. Por ella y por todas las otras a las que mataron, que no «murieron». Por las miles de mujeres que viven con miedo, silencio y culpas. Quizá no la mató por llevar minifalda o por celos, pero el responsable único de una agresión, es el agresor.

Ya basta de relatos que disculpan o exculpan asesinatos: de hombres enamorados, que sufrían, saturados, incomprendidos… donde ellas «mueren» como daño colateral de las cosas del «quererse con locura». De otro marido estupendo que acabó con su mujer por protegerla, víctima de tanto amor.

Porque sí, ¡por supuesto que existe un padre y un marido mejor! El que, en lugar de matarte… te cuida.

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