Opinión
¿Qué nos pasa?

El ombú restaba protagonismo al humilde granado / Alejandro Fernández
Cuando hace algunos años talaron el ombú o ‘bellaombra’ de la plaza de la Reina, fui a ver los restos de su cadáver como si se tratara de un elefante traído de África a principios del siglo XX. De elefante parecía su piel rugosa y gris y a una enorme pata de elefante se asemejaba la base de su tronco. Frente a ese ombú se encontraba la entrada del Teatro Lírico, donde aún pude ver con mi padre la película ¡Hatari! Y disfrutar. Supongo que ahora la deben pasar con algunas advertencias sobre el peligroso error de creer que esa ficción no lo es y que hoy en día no podría serlo en absoluto: ni ficción, ni no-ficción. Pero sigamos disfrutando del Madison y de la bella Elsa Martinelli. Y como en España siempre tenemos un fondo barroco, hagamos con ellos una pequeña Vanitas, epígrafe de las impactantes de Valdés Leal: de la belleza y la podredumbre.
Digamos que me acerqué a los restos del ombú con ritmo de madison, o si lo prefieren la musiquilla de La Pantera Rosa en mis pies. Por desgracia, Elsa Martinelli no iba a mi lado. El pestazo mefítico que desprendía la base horadada del ombú era tremendo: ni Valdés Leal, ni José Hernández cogidos de la mano con H.P. Lovecraft. Hasta ese momento creía que la anunciada tala del árbol que había ilustrado nuestra infancia con el mismo espíritu que Salgari o Verne, era un capricho absurdo. Cuando estuve respirando sus vapores, me acordé de Francisco de Borja al destapar el féretro de la Reina por quien suspiraba de amores y pronunciar: ‘nunca más servir a señor que pueda morir’, una enseñanza imborrable que muchos deberían aplicarse, empezando por el dinero, que es el señor a quien casi todos mueren por servir. Pero sigamos con la Vanitas. Me acordé de Francisco de Borja –entonces aún no era santo, ni jesuita siquiera, todo eso vino después– y me acordé de la amada –una de ellas– de Ramón Llull que, harta de que el tío la persiguiera por todo requiriendo el disfrute de sus encantos, se abrió la camisa y le mostró una gran herida putrefacta, fruto de un cáncer avanzado, que a nuestro Llull lo tiró de espaldas. Así estaba yo ante el ombú talado y su herencia: a punto del mareo, si no del delirio místico provocado por la brevedad de la vida. Y eso que aquel ombú tenía sus años.
En ese estado, también yo –que había escrito en defensa del árbol de marras– sufrí un repentino arrepentimiento y reconocí mi ignorancia en otro artículo. Pero pasó el tiempo y hubo más. Algún otro ignaro me reprochó por escrito que feminizara la bellaombra asegurando que era ‘el’ bellaombra y no ‘la’ bellaombra. No le di con el Alcover-Moll y la Enciclopèdia Catalana en toda la testa porque, aunque no siempre podamos, hay que ser misericordioso con los errores de los demás: todos los tenemos. Y un buen día del pasado año, paseando por la plaza Llorenç Villalonga o plaça de les bellesombres –¿hasta cuándo?– vi que habían talado algunos ombúes más frente al hotel que tuvo el mal gusto de bautizarse como El Llorenç. Esto empezaba a ser la marabunta.
Ahora se anuncia la tala de más ombúes hasta llegar, imagino, a la extinción de este magnífico árbol, traído de América, en la plaza del gran escritor mallorquín. Con lo que queda –él y la fachada de casa Maura– a la intemperie. Pobre don Llorenç, primero se inventan lo de ‘El Llorenç’ y después le quitan las bellesombres. Ahora la sensación que tengo es dual: por un lado, el recuerdo de mi error al observar la putrefacción interior del ejemplar de la plaza de la Reina, cuando creía que su tala había sido un perezoso capricho por no ingeniárselas para salvarlo. Por otro tener que aguantar que la ciudad cambie hasta en los árboles y que una plaza tan bien plantada y bautizada –como esta de La Calatrava– pierda sus ornamentos vegetales al buen tun-tún. Si fuera así, será otro fragmento de Palma que ya no veremos, ni podremos mirar, cómo era y ha sido mientras la conciencia de pertenecer a nuestra ciudad se iba enriqueciendo y aquilatando. Palma perdiéndose a sí misma cada vez más, por mucho que se la maquille y deje como nueva. O quizá por eso.
Suscríbete para seguir leyendo
- Estos son los centros comerciales y supermercados de Mallorca que abren el festivo del 6 de diciembre
- El Govern asciende con una jefatura a un ex alto cargo del PP que fue condenado por corrupción
- El juez procesa a Salvador Llinàs por la estafa de más de 40 millones de euros de Autoclick
- Empiezan las obras para la construcción de 64 viviendas en Son Güells y una parte de ellas se venderán a precio tasado
- ‘Hackers’ prorrusos reivindican que han lanzado ciberataques contra webs del 'transporte público de Mallorca”
- Las seis nuevas titulaciones clave que implantará la UIB: Ciencias del Mar, doble grado de Matemáticas y Física, Arquitectura e Ingenierías
- Cuatro policías heridos al intervenir en una pelea familiar en Manacor
- El ayuntamiento de Palma aclara que los dos equipamientos municipales que se construirán junto a Gesa tendrán 'fachada y alturas
