Opinión | Gárgolas
Rosalía: comer o mirar
‘Lux’, con todo un aparato intelectual más o menos sincero, perfumado por un artificio barroco, navega en el mar proceloso de las contradicciones
Hace dos años y medio, cuando probablemente ya trabajaba en lo que iba a ser Lux, Rosalía colgó en las redes unas cuantas fotos de los libros que estaba leyendo, entre ellos la versión en castellano (Editorial Trotta) de La gravedad y la gracia, editado en catalán por Fragmenta. Las reflexiones de Simone Weil, recogidas y elegidas por Gustave Thibon y publicadas en 1947, tras la muerte de la filósofa, crearon en su momento un gran impacto y son un ejemplo explícito de su singular manera de afrontar la espiritualidad. Para Weil, que fue radical en la forma en la que pensaba y vivía (dicen que su muerte -1943- se aceleró cuando, ingresada en el hospital, se negó a ingerir más calorías que las que consumían los miembros de la resistencia francesa), se llegaba a lo trascendente a través del sufrimiento. Es un resumen muy sucinto de su pensamiento, pero que, sin embargo, nos informa de cómo asumió la filosofía y el diálogo con Dios: escogió las peores condiciones personales como vía de plenitud. Y escribió: «Amar a Dios a través de la destrucción de Troya y de Cartago, y sin consuelo. El amor no es consuelo, es luz».
Ésta última es la frase que Rosalía ha elegido para encabezar su álbum. Debió leerla entonces, en abril de 2023. En aquella foto que decía, el libro de Weil sale medio tapado por un post-it que dice: «Te amo». Es decir, la cosa no viene de ahora. Quizás también leyó esto: «La música es un orden de sonidos que quiere imitar el silencio. La música más bella es aquella que otorga la máxima intensidad a un momento de silencio, que obliga al oyente a escuchar el silencio».
No deja de ser remarcable que el álbum que probablemente nos ha llegado con mayor ruido mediático beba de la radicalidad casi extenuante de Simone Weil. Ella distinguía entre comer y mirar. Entre la inmediatez del consumismo (apetito y voracidad) y la reposada intensidad espiritual del acto contemplativo. Lux, con todo un aparato intelectual más o menos sincero, perfumado por un artificio barroco, navega en el mar proceloso de las contradicciones.
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