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Opinión

Temporadas 2026 y 2027: un posible escenario

Archivo - Varios turistas se hacen un selfie en una calle de Palma de Mallorca, a 16 de abril de 2024, en Palma de Mallorca, Mallorca, Baleares (España).

Archivo - Varios turistas se hacen un selfie en una calle de Palma de Mallorca, a 16 de abril de 2024, en Palma de Mallorca, Mallorca, Baleares (España). / Tomàs Moyà - Europa Press - Archivo

«Vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros». Immanuel Kant (Königsberg, 1724-1804). Filósofo prusiano, autor de Crítica de la razón pura.

Desde hace unas semanas, en los principales despachos de gestión turística de este país el tema estrella de conversación puede haber cambiado. Si bien hasta junio o julio fueron los resultados de la temporada 2025 - excelentes, por otro lado - los que marcaban la pauta, en estos momentos son los que se podrían dar el año que viene quienes se llevan el agua al gato en cuanto a interés. Lógico, por otro lado: ahora es el oscuro trabajo de los asesores fiscales los que acabarán de dar lustre a los resultados del trabajo realizado. Hoy por hoy lo que interesa es acertar con los designios del cliente de la temporada entrante. No sin cierta desazón, se constata que el 2026 se ve quizás con más sobresaltos de los esperados. No se trata de artículos de «gurús», sino de una opinión más o menos unánime, reflejada por ejecutivos de alto nivel en entrevistas a revistas especializadas.

Y es que como norma general, hace un lustro los resultados económicos del empresariado turístico están siendo más que relevantes. El aumento de precios por habitación disponible, unido al de un cierto frenesí viajero después de la pandemia (el llamado «efecto champaigne» ), han hecho vivir una cierta edad dorada a las corporaciones hoteleras. También a la restauración. Justo es decir que tal bonanza ha venido precedida de una travesía del desierto durante el quinquenio 2016-2021 que se llevó por delante a más de una gestora hotelera. La única mota en tal idílico paisaje han sido los incrementos de costes en el último trienio 2022-2025. Puestos en perspectiva, realmente impensables hasta no hace tanto.

La razón de la citada inquietud empresarial es que en este curso se ha detectado una cierta moderación en el número de clientes arribados al país: no se ha batido la histórica marca de los cien millones de visitantes, por ejemplo. No obstante, se ha ganado mucho más dinero que el año pasado. Traducido: el viajero ha dejado más dinero per cápita. Pero al haber subido el precio de las habitaciones -como norma general también las calidades, dicho sea de paso- , la tipología de cliente se ha modificado. Se notan otras pautas y comportamientos, otros calendarios vacacionales. También diferentes estancias medias que con un target clientelar más modesto.

La tendencia puede continuar durante el 2026, por una razón muy simple: viajar y pasar unos días de asueto en ciertos destinos españoles ya sale muy caro. Tanto que otros destinos internacionales pueden estar llevando la delantera en las estadísticas de reserva adelantada para el próximo verano. No son pocos quienes se muestran desconcertados, achacando a la geopolítica internacional -Ucrania, Putin, aranceles trumpistas, criptocrisis, el peso de la deuda soberana en los países emisores y el objetivo mal momento social, político y económico de Alemania, Francia y Reino Unido- la posible reducción de visitantes internacionales cara al año que viene. Es decir, se recurre al enemigo exterior. Melodía que viene sonando desde que el ser humano existe: la culpa siempre la tiene el otro. Autocrítica, poca.

Pocos y pocas pensaron las consecuencias que podrían acarrear las subidas casi generalizadas de nivel -hablamos de miles de habitaciones pasadas de dos y tres habitaciones a cuatro y cinco, sin una aparente evolución temporal- en los establecimientos hoteleros de ciertos destinos españoles. Ibiza, Mallorca, Canarias, Málaga, San Sebastián, A Coruña, Valencia, Barcelona, ahora la costa catalana que va de Castelldefels a Lloret de Mar... son ejemplos de una búsqueda de la rentabilidad con la ayuda de fondos de inversión. Encargados los últimos de financiar las costosas obras de renovaciones hoteleras.

Las consecuencias de tanto upgrade generalizado pueden haber sido muy beneficiosas a corto plazo, pero no tan positivas a la larga. Máxime si el fantasma de la contracción económica mundial se confirma.

Quienes saben mucho de macroeconomía apuntan a dos datos clave: los resultados de los dos próximos cuatrimestres en Estados Unidos. Si la anunciada desaceleración de la economía norteamericana se cumple, la ciudadanía europea podría notar sus consecuencias después de la siguiente Navidad.

Cuando se reserven los paquetes del 2027. ¿Un enemigo exterior? Ciertamente. Pero se debería juzgar si podría tener un caballo de Troya fabricado por nosotros mismos.

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