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Opinión

Tocar fondo como Mazón

Lo que han hecho, tanto Mazón como quienes le han aplaudido estos meses, incluido un Feijóo cada vez más inane, ha sido tremendamente indecente

Mazón dimite sin convocar elecciones

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Hace dos años que un gallego de Lugo, llamado Héctor Salvador, se convirtió en el primer español en bajar a la fosa de las Marianas, a casi 11.000 metros de profundidad. Héctor es ingeniero aeronáutico, piloto de sumergibles y explorador subacuático. Su nombre forma parte de la reducida lista (menos de diez) de seres humanos que se han aventurado hasta esos confines del océano. Carlos Mazón es otra cosa. Es abogado, hasta hace poco president de la Generalitat valenciana, y aunque se le suponen unas sólidas convicciones religiosas, ha conseguido batir otro récord abisal al sumergir la política en un lugar tan hondo que la caridad cristiana (ya no digamos la empatía) ni está ni se la espera. Hace unos días nos preguntábamos en la radio si se puede caer más bajo, después de escuchar cómo anunciaba su renuncia al cargo. Sé que nuestra vida se mueve a tal velocidad que pasamos de pantalla casi sin darnos cuenta; y también reconozco que el periodismo flaquea, a menudo, cuando se deja atropellar por la urgencia y olvida la relevancia.

Pero espero, sinceramente, que con este caso hagamos, todos, una excepción. Se lo merecen las víctimas, desde luego, que a la postre han sido quienes le han dado la puntilla. Pero lo necesita la política si, de verdad, queremos dignificarla. La catedrática Mariola Urrea acaba de publicar un libro, titulado Tomar partido, donde maneja un concepto que se me antoja imprescindible: la presunción de decencia. Ahora que la política española se ha transformado en un ring donde los grandes partidos combaten a base de echarse delitos en cara y apelan, según les convenga, a la presunción de inocencia, me parece muy interesante introducir este matiz. Porque lo que han hecho, tanto Mazón como quienes le han aplaudido estos meses, incluido un Feijóo cada vez más inane, ha sido tremendamente indecente. Por favor, no lo olvidemos. Y acordémonos de una reflexión de alguien tan experto en tocar fondo como el mencionado Héctor Salvador: «En el mar no se pueden limpiar los errores del pasado. No van a desaparecer». En el barro, tampoco.

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