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Opinión | Pensamientos

Fundir la Fundación

La Constitución ampara a todos estos colectivos y personas individuales a la hora de expresar y propagar sus ideas libremente

Una peseta del año 1946

Una peseta del año 1946

El Gobierno del PSOE y Sumar quiere fundir la Fundación Nacional Francisco Franco. Discrepo cordialmente, so pena de ser tildado de ultra.

Existen muchas ideologías, credos, corrientes de pensamiento, religiones y hasta modas que no son de mi agrado. Huyo de los radicalismos en política, sean de izquierdas o de derechas, de los fanatismos religiosos y de las pseudociencias. Sin embargo, la Constitución ampara a todos estos colectivos y personas individuales a la hora de expresar y propagar sus ideas libremente.

A mis alumnos de Periodismo del CESAG traté de inculcarles cuatro límites: el Código Penal; los derechos al honor y a la intimidad; y la protección férrea de los menores, frontera muy delicada y frecuentemente allanada. Siempre, por supuesto, que difundieran la verdad.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, es el impulsor del expediente para extinguir la entidad que lleva el nombre del dictador desde octubre de 1976. Tres son los cargos para silenciar a los nostálgicos: no cumplen el interés general, hacen apología del Franquismo y humillan la dignidad de las víctimas desde 1936 hasta 1975.

Los expedientados niegan las acusaciones. Admiten, claro está, que llevan casi 50 años alabando al Caudillo. Es algo de Perogrullo: no se llaman Fundación Anti Francisco Franco. Empero no reconocen la vejación intelectual a los sometidos y masacrados por el anterior régimen.

Afortunadamente tras la tramitación del expediente, con las pertinentes alegaciones de la fundación, decidirán los jueces. Se abrirá entonces un proceso muy interesante y llamado a acabar en el Constitucional y en los tribunales europeos.

No en vano estamos en presencia de limitaciones por el poder Ejecutivo a derechos fundamentales como las libertades de expresión, ideológica y de cátedra. Ahí es nada.

No tengo ninguna gana de leerme los panfletos y proclamas de la FNFF. Hay cosas mejores que hacer. A vuela pluma sí se observa que su valoración de la Guerra Civil y de los 40 años de Dictadura es sesgada, parcial y errónea.

El general y sus numerosos seguidores (nunca un tirano está solo) construyeron un relato maniqueo de aquellos trágicos acontecimientos: ellos eran los buenos, los santos, y los otros eran demonios y basura.

Cuando llegó la Democracia proliferaron los historiadores empeñados en difundir otra versión de aquella tenebrosa época. Esta visión se ajusta más a la realidad que la cocinada por los vencedores de la guerra.

¿Es legítimo seguir apoyando una cosmovisión trasnochada, parcial, inexacta del conflicto y de las posteriores cuatro décadas de autoritarismo y represión? , mientras no se cometan delitos, no se haga apología del terrorismo, ni se conspire para derrocar la Democracia.

Hacen bien las autoridades en vigilar estos foros de opinión, pero basta con los tribunales ordinarios para combatir posibles excesos.

¿Deben tener voz terraplanistas, antivacunas y seguidores de brujerías, santerías u ocultismos? Afirmativo: no se les puede censurar a priori, por muy ridículos y dañinos que sean.

El pluralismo es uno de los pilares de un sistema de libertades, frente a los modelos dictatoriales. En las Cortes están representados partidos nacionalistas e independentistas. Su ideología es contraria a una España unida, pero tienen todo el derecho del mundo a participar en la vida pública mientras acaten la Constitución.

Los fieles musulmanes pueden celebrar sus fiestas y rezos en lugares públicos, en tanto cumplan con las normas vigentes. La paradoja de esta historia es que los franquistas están amparados por unas libertades y unos derechos que ellos cercenarían radicalmente de llegar al poder.

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