Opinión | ENTREBANCS
Mas allá de la economía

Archivo - Varios turistas en las inmediaciones de la catedral de Palma de Mallorca, a 16 de abril de 2024, en Palma de Mallorca, Mallorca, Baleares (España). / Tomàs Moyà - Europa Press - Archivo
En la sociedad que nos ha tocado vivir y convivir, que algunos definen como posmoderna (?), están pasando cosas imprevistas, incluso para quienes en principio disponen de los mejores instrumentos para conocer la sociedad y anticipar su posible evolución. Desde la perspectiva socioeconómica vivimos con resultados desconcertantes, con conflictos bélicos en las fronteras europeas (Ucrania), con un virus todavía extendido por gran parte del globo terráqueo, con un avance de fuerzas políticas reaccionarias, con la extensión del terrorismo lejos/cerca de los focos de los conflictos bélicos, con la presencia masiva e intensiva de refugiados huyendo de la guerra y de la hambruna convertidos en invisibles ante la hipocresía europea. Vivimos en una época compleja en las áreas económicas, sociales y políticas. En nuestra comunidad, gozamos todavía de índices positivos de crecimiento económico, especialmente en el sector turístico, en base al número creciente de visitantes y su consiguiente gasto; lo cual repercute en los beneficios empresariales y en el crecimiento del empleo. Pero ¿tiene futuro este modelo?
El crecimiento económico es condición sine qua non para que pueda darse un bienestar equilibrado de la ciudadanía, pero no es condición suficiente. La economía, especialmente la macro, no es neutra. Todos nos mostramos satisfechos por nuestros índices de mejora en la creación de empleo, pero a su vez manifestamos inquietud e insatisfacción por su baja calidad y su temporalidad. Pero centrarse únicamente en lo económico implica ignorar la importancia del progreso social. Léase inputs relacionados con los salarios, la formación, el acceso a la vivienda, el nivel de seguridad, perspectivas de futuro, la sostenibilidad, el acceso en igualdad de oportunidades a los servicios públicos básicos. Todos nos alegramos del crecimiento sostenido de nuestro PIB, pero a su vez constatamos una creciente desigualdad de oportunidades en el acceso a los bienes y recursos, así como en las posibilidades reales de poder desarrollar nuestras expectativas personales y vitales.
Seguir apostando por el actual modelo turístico y crecimiento cuantitativo de la vigente actividad turística, tiene como consecuencias unos salarios insuficientes, un acceso prohibitivo a la vivienda, la ocupación de espacios públicos (urbanos, medio ambientales...) El problema, el interrogante, es si tal situación personal, familiar y social, marcada por la inestabilidad y la falta de perspectivas para amplios segmentos de la población (véase clases medias en franco retroceso y los jóvenes). Es una realidad coyuntural y que por tanto puede revertirse; o es estructural y que en consecuencia se limitará a determinadas «mejoras» de índole individual fundamentadas en la meritocracia y/o en el sálvese el que pueda
El crecimiento económico repercute, o debería repercutir, también de manera constructiva, en el desarrollo de una sociedad. El factor financiero y la estabilidad económica deben aportar un estilo de vida a las familias e incrementar la tranquilidad emocional en relación con el futuro. Por ejemplo, el crecimiento económico crea mejores oportunidades para el consumo y el ahorro. Sin embargo, no siempre es así, centrar el progreso únicamente en lo económico implica ignorar el progreso social.
¿A qué se llama progreso social? A la evolución de la sociedad hacia un escenario ideal que repercuta positivamente en el bienestar de las personas. Inputs relacionados con la nutrición, la formación, el acceso a la vivienda, el nivel de seguridad, perspectivas de futuro, la sostenibilidad, inclusión y tolerancia, así como el acceso en igualdad de oportunidades a los servicios públicos básicos. Pero la realidad es terca. Crece el número de ricos en Balears mientras las clases medias/medias y medias/bajas no pueden sobrevivir con sus salarios para cubrir sus necesidades más básicas, como, entre otras, el acceso a una vivienda digna y asequible, suma y sigue.
Según el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. La fractura no es sólo entre países pobres y ricos, sino también entre sectores de población dentro de cada país. Los pobres tienen menos acceso a las bajas por enfermedad y más razones para eludir hacerse pruebas o revelar sus resultados. La pérdida de empleo suele ser más grave para la gente peor pagada del sector servicios, cuyos trabajos son los que menos se pueden hacer desde casa. No olvidemos que entre nosotros hay asalariados pobres, que no pueden llegar a fin de mes.
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