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Opinión | Editorial

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Air Europa, capital turco para sobrevolar el planeta

Air Europa cierra el acuerdo con Turkish Airlines tras aceptar su oferta de 300 millones

Air Europa cierra el acuerdo con Turkish Airlines tras aceptar su oferta de 300 millones

Con la entrada de Turkish Airlines como segundo accionista de Air Eiuropa, la compañía mallorquina vinculada a la familia Hidalgo pone fin a un largo período de turbulencias y toma nuevo rumbo en el mercado aéreo global. Aunque otras aerolíneas y alianzas del sector ya operan en la conexión entre continentes, con rutas y hubs localizados en la zona del Golfo y el Norte de Europa, este acuerdo presenta la singularidad de unir la capacidad de dos hubs estratégicos de la Europa sureña, en los que ambas empresas están bien posicionadas y pueden complementarse. La alianza permite crear un potente eje de conexión entre el hub de Madrid-Barajas, puerta de entrada clave a América Latina, y el macro-hub de Estambul, punto de enlace con numerosos países de Asia, Oriente Medio y África. Se abren enormes oportunidades, no exentas de riesgo, algunas externas por la incertidumbre geopolítica, otras internas por las relaciones entre socios. De la operación, pilotada en Air Europa por el CEO Jesús Nuño de la Rosa, resulta una compleja estructura a tres bandas. La familia Hidalgo mantiene el control con el 54% a través de Globalia, seguida de Turkish Airlines con un 26% y el 20% restante sigue en manos de una descolocada IAG (Holding propietario de Iberia, Airways British, entre otros), que ve cómo la compañía turca puede triunfar donde ella fracasó antes, con el quebranto añadido de haber tenido que indemnizar con 50 millones a Globalia. Como en aquella intentona fallida, aún queda sortear las exigencias y aprobación final de los organismos reguladores de la Unión Europea en materia de competencia, lo cual, aunque esperado porque la superposición de destinos es limitada, no está garantizado al cien por cien. Además de esos resquemores pasados, en la mesa de decisiones sobre la dirección futura de la compañía, podrían chocar los intereses de IAG y Turkish Airlines, competidores directos en algunas rutas. En ese tablero, los Hidalgo entroncan con la visión y olfato del patriarca, Juan José Hidalgo, hijo de una humilde familia salmantina que pasó de emigrar a Suiza en busca de futuro a crear un imperio. Ahora toca escalar otro peldaño, cubrir el planeta. En esas maniobras, Mallorca se juega el destino de su empresa privada líder en facturación y gran empleadora.

La operación, concebida como un préstamo de 300 millones de Turkhis Airlines canjeable por participaciones, ha permitido a Air Europa adelantar un año la devolución de los 475 millones de auxilio que le inyectó la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), tras el batacazo turístico de la pandemia. Ese apoyo, un préstamo que algunos denominaron rescate, suscitó una gran controversia política y judicial al vincularse en algunos ámbitos a la relación entre Javier Hidalgo, en esas fechas consejero delegado de Globalia, y Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, y al mediar en las negociaciones el entonces ministro de Transportes, José Luis Ábalos, y el comisionista Víctor de Aldama, que trabajaba entonces como asesor de la aerolínea para algunos asuntos. El juez Juan Carlos Peinado acabó archivando la investigación, a instancias de la Audiencia Provincial de Madrid, tras reconocer su confusión con dos empresas. Como Pedro Sánchez, Juan José Hidalgo suma un nuevo capítulo a su particular manual de resistencia.

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