Opinión | Tribuna
Otra vez Latinoamérica
EEUU reactiva su poder militar en el Caribe bajo el pretexto antidrogas, pero con claros fines geopolíticos

Dos niños juegan con un mapamundi, en su casa de Madrid. / José Luis Roca
EEUU tiene una larga participación en golpes de estado en Latinoamérica: República Dominicana, Nicaragua, Haití, Chile, Cuba, Granada y Panamá, pero desde la Guerra Fría no se había inmiscuido tan abiertamente en la región. La campaña militar, presentada como una guerra contra el narcotráfico, cuenta con la participación de la CIA de acuerdo con The New York Times, Reuters, e incluso el reconocimiento público de Trump. La Agencia proporciona información, utiliza satélites, drones, e intercepta comunicaciones para destruir lanchas de presuntos narcotraficantes, soslayando el preceptivo aval del Congreso norteamericano escudándose en que no es un despliegue militar convencional, sino una «guerra contra el narcotráfico». Ha motivado la dimisión del responsable de la misión, el almirante Alvin Hosley, susceptible de interpretarse como un ejercicio de cautela ante las posibles responsabilidades penales futuras derivadas de la dudosa legalidad de la misión.
El despliegue militar norteamericano no tiene precedentes en la historia moderna. Analistas militares estiman que un 16 por cien de la flota norteamericana está en el mar Caribe: destructores, un submarino nuclear, buques de asalto anfibios, petroleros para abastecerlos y el buque insignia americano USS Gerald Ford. Están apoyados por bombarderos B-52, helicópteros, cazas F-35 y quince mil soldados. Una fuerza militar desproporcionada para «luchar contra el narcotráfico» pero perfecta para el consumo interno norteamericano; para forzar el derrocamiento de Maduro y la restitución de Corina Machado, o, en última instancia y como sugiere la cadena NBC norteamericana, preparatoria para ataques a cárteles en suelo mejicano.
EEUU ofrece una recompensa de cincuenta millones de dólares por información que conduzca al arresto del dictador Maduro, pero José Ignacio Hernández, profesor de derecho y principal asociado del CSIS (Centro de Estudios de Seguridad Nacional) afirma que «no son nada» para las élites venezolanas, ha publicado la BBC. Las sanciones económicas tampoco han conseguido la sublevación militar, como no la consiguieron cuando Trump intentó en 2019 sustituirlo por Guaidó.
Trump acusa a Venezuela de producir fentanilo, pero los expertos confirman que se fabrica en Méjico y señalan a Venezuela como una parada en la ruta de los principales productores mundiales de cocaína (Colombia, Ecuador y Perú) hacia Méjico para, posteriormente, desembarcar en EEUU. No obstante, la Administración para el Control de Drogas de EEUU reconoce en su informe de 2025 que el tráfico por el Caribe (mar al que tiene acceso Venezuela) sólo constituye el 25 por ciento de la droga traficada, mientras que el 75 por ciento navega por el Pacífico. También constatan que parte del entramado militar venezolano está vinculado al narcotráfico y podría haber beneficiado a Maduro.
La respuesta más plausible, por tanto, es que la intervención norteamericana sea, en parte, una derivada de la guerra por la supremacía tecnológica que libran China y EEUU en la que son fundamentales las llamadas tierras raras: un grupo de 17 elementos químicos que difícilmente se encuentran en su forma pura, por tanto «raras». Tienen propiedades magnéticas y conductoras imprescindibles en cualquier tecnología bélica, aeroespacial, electrónica u automotriz. EEUU está preocupado por los resultados del informe de 2024 del Instituto Australiano de Política Estratégica que monitoriza 64 tecnologías críticas, porque acredita que China pasó de liderar en tres sectores en 2007 a sesenta de 64 en 2023. Es líder en chips de semiconductores, computación de alto rendimiento y tecnología de lanzamiento espacial; posee las mayores reservas mundiales de estos elementos químicos, la mano de obra especializada y la tecnología exclusiva para su procesamiento.
Venezuela tiene importantes depósitos de estas tierras en el Escudo de Guayana. La líder de la oposición, Corina Machado, fue privada de su victoria electoral en 2024, como reconoció un panel de expertos electorales de la ONU que afirmó que las elecciones no fueron íntegras ni transparentes y los resultados no se correspondieron con las actas electorales que exhibió la oposición. Ha ofrecido públicamente a Trump participar de los recursos naturales de su país: petróleo y los referidos minerales. Un incentivo para establecer un proxy en Latinoamérica y atacar a los cárteles mejicanos del fentanilo, porque su popularidad se ha desplomado al 37 por cien. Además, busca la deslegitimación de la presidenta Claudia Sheinbaum a la que detesta más que a Maduro. Porque es mujer, principalmente.
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