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Opinión | Tribuna

Como ovejas, en medio de lobos

Inteligencia Artificial.

Inteligencia Artificial. / DM

Siempre me ha intrigado, por su profundidad, el contenido de este hermoso fragmento del Evangelio: «He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.» (Mateo 10:16).

Y digo que siempre me ha intrigado, porque siempre me ha parecido misteriosa y compleja su interpretación y aplicación. A simple vista, una clara advertencia o un consejo cargado de sabiduría cuya interpretación va más allá de su propia literalidad. Más allá de las palabras y más allá del tiempo, por su atemporalidad. Un mensaje profundo que puede guiarnos, como una cálida antorcha, en medio de la oscuridad que hoy habita entre nosotros. Porque este, nos guste o no, es el momento que nos ha tocado vivir. Aunque a veces… dé auténtico pavor.

Dicen que el miedo es un gran aliciente, por no decir un gran aliado en la supervivencia. Es pues ese miedo, el que debe darnos la cautela necesaria, en estos días, para no dejar que la adversidad, las dificultades del día a día, o los acontecimientos, nos sobrepasen, ni nos impidan avanzar.

Y aunque las adversidades pueden convertirse en nuevas oportunidades, siempre cabe la duda de si el ser humano, en el estado de involución en que se encuentra y en el contexto de revolución tecnológica en que se halla inmersa la sociedad, será capaz de hacer frente a un nuevo reto: la inteligencia artificial (IA) y sus aplicaciones en nuestro día a día. Confío en que su uso, cada vez más democratizado y extendido, no genere un nuevo problema, la carencia absoluta de neuronas ni materia gris en nuestros cerebros. Es cierto que la IA podrá superar con creces, la capacidad del cerebro humano, creando mil y una conexiones y algoritmos capaces de analizar datos y resolver problemas que se escapan a nuestro intelecto. Aun así, me atrevo a afirmar que, sin embargo hay algo que la IA, nunca podrá replicar… las emociones y los sentimientos humanos porque no hay algoritmo que pueda entenderlos ni abarcarlos. Esta, quizá sea pues, la clave de nuestra supervivencia. Nuestra fortaleza, y a su vez, nuestra debilidad. Solo espero, sinceramente, que cuando ya no nos quede ni una sola neurona viva (porque por comodidad hayamos dejado que la IA piense por nosotros) por lo menos nos queden las emociones que nos hacen humanos, diferentes e irrepetibles. Es en el terreno de las emociones y de la intuición, donde debemos movernos, si queremos adaptarnos y sobrevivir a lo que inexorablemente nos espera.

Hoy, me siento, como esa oveja, en medio de los lobos. En un entorno hostil, para el que urge, estar preparados, ser prudentes o astutos como serpientes, pero al mismo tiempo, ser sencillos como palomas, sin perder nuestra bondad, nuestra ternura y, en definitiva nuestra humanidad, porque es posible convertir esa adversidad en oportunidad como en la metáfora de la piedra. De nosotros depende convertir esa piedra en un arma que pueda quebrar, romper, herir o destruir. O convertirla en una bella escultura o una elemento amable, positivo y constructivo que haga que nuestra sociedad prospere con valores y humanidad. Porque hemos de ser conscientes de que lo que marca la diferencia, no es la piedra… sino el escultor. Cómo se enfrenta, nos enfrentamos, a esos lobos con la prudencia de una serpiente y con la sencillez y la bondad de una paloma. Es la destreza, la honestidad y los valores de quien la maneja los que pueden transformar a mejor nuestra sociedad. Porque no podemos controlar las adversidades y circunstancias que se nos presentan, como no podemos detener la imparable irrupción de la tecnología en nuestras vidas. Tan solo podemos ser dueños de la forma en que nos enfrentamos a todo ello, con sabiduría, prudencia y humanidad.

«La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia» (Vivian Greene).

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