Opinión | Al azar
GenZ, la revolución adolescente

Manifestación estudiantil en apoyo a Palestina, en la plaça de la Universitat de Barcelona. / David Zorrakino - Europa Press
Se educa a los niños en valores morales porque es más fácil que enseñarles matemáticas. El resultado ha sido la revolución adolescente mundial de la Generación Z, entre trece y 25 años según los autores. El levantamiento interconectado se ramifica en Perú, Indonesia, Filipinas, Kenia o Marruecos, y ya ha provocado la caída de gobiernos en Nepal o Madagascar. Algo ha fallado en la dictadura electrónica, para que salir a la calle sea más atractivo que encerrarse en el sótano con el ordenador. Las revueltas poseen el ímpetu suficiente para que un aumento de la dosis de la droga digital no sea medicina suficiente para sofocarlas.
Se puede titular ‘Mad Marx’, pero ni las mendaces redes sociales se atreverían a cargarle un pasado comunista a los revolucionarios adolescentes. El apelativo ‘GenZ’ enfatiza la componente genética, la rebelión contra el hogar paterno donde están confinados a perpetuidad. La última esperanza de los fondos buitre consiste en que la agitación no sea importada del Tercer Mundo al Primero porque, a diferencia de los ‘revolucionistas’ de los años setenta, no se trata aquí de europeos en top less aprendiendo a tocar el kalashnikov en las playas de Yemen.
Por si sirve de indicativo del coeficiente de transmisión revolucionaria, la mayoría de detenidos en las manifestaciones propalestinas en España eran menores de edad. No sorprende tanto el levantamiento callejero como la contumacia de las generaciones superiores, despreocupadas de recibir a sus menores con un dantesco «abandonad toda esperanza quienes aquí entráis». El pronunciamiento más corrupto de Ábalos corresponde a su esplendor ministerial, cuando pudo soltar sin mascarilla que «la vivienda es un derecho, pero también un bien de mercado». Jesucristo era Generación Z cuando arremetió contra los mercaderes. Los Jefes de Estado sacudidos también han respondido coralmente, entonando el patético «os he escuchado». No cabe esperar una solución procedente de los adultos, más vale vigilar de reojo a la amenazante Generación Alfa, compuesta por los menores de quince años condenados a los despojos de la GenZ.
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