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Opinión

Palma

El momento decisivo del Real Club Náutico de Palma

El Real Club Náutico de Palma organiza la Copa del Rey Mapfre del 27 de julio al 3 de agosto

El Real Club Náutico de Palma organiza la Copa del Rey Mapfre del 27 de julio al 3 de agosto / Nico Martínez / Copa del Rey Mapfre

Después de cuatro años de incertidumbre sobre su futuro, el Real Club Náutico de Palma ha llegado al que probablemente sea el momento más decisivo de su historia, con dos opciones abiertas: la pérdida de las que han sido sus instalaciones desde el año 1948, lo que abocaría a la institución a la desaparición, o, por el contrario, el reconocimiento pleno de su derecho a prorrogar su concesión, lo que resolvería la discusión sobre la naturaleza jurídica de su contrato, garantizaría su continuidad en el tiempo y obligaría a la Autoridad Portuaria de Baleares a actuar en consecuencia, es decir, a no tocar el último espacio del puerto de Palma que le queda por remover.

La decisión la tomó el pasado jueves la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Balears, en respuesta al recurso interpuesto por el Náutico contra la denegación, por silencio administrativo, de la solicitud de ampliación del plazo de la concesión de sus instalaciones. Y ahora las partes están a la espera de la comunicación de esa resolución final.

Un fallo en contra del Real Club Náutico de Palma, que además lleva dos años en precario y cuyo permiso de ocupación temporal expira el 31 de diciembre sin posibilidad de prórroga, tendría unas consecuencias fatales. Desde el punto de vista histórico, supondría la desaparición de una de las instituciones más arraigadas de la ciudad de Palma, que nació de la fusión de los antiguos Club de Regatas y Club Marítimo, y que desde entonces ha unido a generaciones. Sería también una estocada al deporte de la vela, no solo por la desaparición de su calendario de regatas, sino también por la promoción de aquello que ahora se llama náutica social: el fomento del deporte base, los programas de inclusión y la educación en valores de respeto al mar, seguridad, sostenibilidad, amor al medio ambiente y trabajo en equipo.

Pero el fallo quizá determine que lo más ajustado a derecho sea que el Náutico de Palma compita en un concurso abierto a otros operadores por ese derecho que reclama, y que la Autoridad Portuaria pueda abrir esa convocatoria a empresas menos empeñadas en su vocación deportiva y formativa y más interesadas en gestionar amarres de grandes esloras, que, por otra parte, dejan un mayor rendimiento. Ahora bien, sería muy curioso que la historia del Real Club Náutico de Palma se interrumpiera con un expresidente de la institución en la presidencia de la Autoridad Portuaria de Baleares.

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