Opinión | Tribuna
Sindiós
La historia tiene memoria, y a cada crimen le sigue su ajuste de cuentas, no menos calamitoso

Beniamin Netanyahu
Beniamin Netanyahu dijo en la ONU que el ejército de Israel no parará hasta que haya acabado con Hamás. Es decir, que está dispuesto a exterminar a un pueblo entero con tal de asegurar el fin de las milicias terroristas; que es, ni más ni menos, lo mismo que propuso Francisco de Quevedo en un verso satírico: «...quitar el dolor de cabeza cortando la cabeza que lo siente». Esta ocurrencia disparatada, que el poeta expresó en broma, Netanyahu la está ejecutando al pie de la letra.
No hay palabras para calificar la crueldad del grupo islamista Hamás cuando desencadenó este sindiós en que se ha convertido Gaza. Hamás asesinó a cientos de ciudadanos israelíes en una incursión salvaje, más propia de fieras que de hombres. Las víctimas que no murieron en el asalto fueron tomadas como rehenes; luego, muchos de ellos han sucumbido en condiciones que no quiero imaginar, apurando hasta el último momento la esperanza de ser liberados con vida. Pero Hamás no tuvo compasión con ellos, ni la ha tenido tampoco con su propio pueblo, al que ha entregado, de la forma más innoble e irresponsable, a la ira exterminadora de un ejército vengativo.
Sin embargo, las aberraciones que está cometiendo el ejército Israelí para responder al cruel ataque de Hamás difícilmente se podrán olvidar. Su delirio aniquilador es de una magnitud inconcebible, y, su chulería sanguinaria, sorda a todas las llamadas de una opinión pública cada vez más abrumada, más consternada por la inhumanidad de este asedio meticuloso. Es tal su ofuscamiento, que no son capaces de ver el coste que van a tener que pagar las generaciones futuras; una ceguera que cuesta mucho trabajo asociar al pueblo que ha sufrido tantas desgracias en carne propia. Un pueblo que, por otra parte, ha aportado a la historia de la humanidad las mentes más excelsas y las obras más sabias. Sin embargo, a la vista de lo que está ocurriendo, no puedo evitar repetir lo que escribió Paul Valery en 1919 (La Crise de l´Esprit), refiriéndose a Alemania: «...cuánta tecnología, cuánto conocimiento, cuánto esfuerzo, disciplina y trabajo concienzudo ha hecho falta para poder matar a tantas personas en tan poco tiempo. Tantos horrores no habrían sido posibles sin tantas virtudes. Sin duda, se necesitó mucha ciencia para matar a tantas personas, arruinar tantas propiedades, arrasar tantas ciudades en tan poco tiempo».
En efecto, cómo es posible que nadie pueda detener semejante masacre, si no por compasión, al menos por prudencia. ¿Hay alguien tan estúpido, de mente tan enferma, que no vea que las atrocidades que se están perpetrando no son más que el principio de futuras tragedias que ni una montaña de oro podrá evitar? La historia tiene memoria y a cada crimen le sigue su ajuste de cuentas, no menos calamitoso. Como dice Eurípides en las Troyanas: «Insensato aquel que destruye, sin dejar piedra sobre piedra, ciudades, templos, tumbas y santuarios, ya que por acabar con todo, él mismo consigue su propia destrucción». Si será viejo todo lo que está ocurriendo, que, aunque nos matemos con drones en vez de con palos, los motivos que nos impulsan a hacerlo son los mismos que hace 3000 años; ¡y a esto le llaman progreso?
«El judaísmo está abocado a sufrir la mayor crisis espiritual de su historia» ha dicho Noah Yuval Harari, él mismo ciudadano israelí. Y no es para menos, ¿cómo se las van a arreglar a partir de ahora para sobrellevar tanta culpa?, ¿qué harán para redimirse de tanta barbarie cuando se les pase la borrachera asesina? ¿Acaso les consolará pensar que son el pueblo elegido y que están escribiendo otro glorioso capítulo en el Antiguo Testamento? Yo pienso que no, que cuando termine este sindiós, cuando se hayan aburrido de matar y de exterminar a civiles famélicos, se darán cuenta de que el perdón será imposible, porque la Humanidad no podrá olvidar tanta inhumanidad, tal como ocurrió tras el Holocausto. Por otra parte, las viejas preguntas de siempre se volverán más insidiosas que nunca: ¿qué clase de Dios es es este que antepone las armas a la compasión?, ¿qué clase de Dios es capaz de disculpar a un pueblo tan atrozmente vengativo?
Las imágenes de esos niños, entre escombros y cuerpos ensangrentados… Niños que agotan el resto de energía en un inútil espasmo de dolor… Ante esto, ¿ningún soldado se conmueve?; ¿nadie se pregunta horrorizado cómo debe ser estar abrazado al cuerpo rebentado de tu madre o de tu hijo?, ¿nadie se pregunta cómo debe ser el miedo de un niño que sabe que va a morir, pero que ignora cuánto va a tener que sufrir muriendo? ¿Cómo coño nadie se hace estas preguntas en el ejército de Israel y en el gobierno de EEUU?
A estas alturas, cabe preguntarse si dejarán a alguien con vida. Si es así, ¿qué pesadilla les espera a los que sobrevivan, cargando con todo esto en el recuerdo, para siempre? Y si hay dudas de lo penoso que debe ser eso, siempre queda revisar el testimonio de los supervivientes del holocausto, muchos de los cuales nunca superaron una mutilación tan aterradora.
Por último, solo quiero expresar un deseo: que Netanyahu y su séquito, junto con todos los sádicos terroristas de Hamás, se vayan, de la mano, al infierno. Amén.
- Las solicitudes de ingreso en las Fuerzas Armadas se duplican en dos años
- Solo faltaría que el Mallorca tuviese que pedir perdón por ser beneficiado por el VAR
- Cort cancela todos los conciertos y actos de Sant Sebastià por el accidente ferroviario de Córdoba
- Juzgan a una pareja por tener en Mallorca el mayor criadero ilegal de tortugas de Europa
- El Ayuntamiento mantendrá las torradoras pese a cancelar los actos y conciertos de Sant Sebastià
- Baleares pone en marcha el 'cheque canguro': ayudas de hasta 4.000 euros para la contratación de empleadas del hogar
- Reconocen el derecho de una pareja de fijos discontinuos a cobrar el paro que el SEPE les reclamó por haber salido al extranjero
- Palma cancela el programa de Sant Sebastià: una decisión insólita que no tiene precedentes
