Opinión
Primates

Jane Goodall, junto a un chimpancé / Agencias
La muerte hace unos días, a los 91 años, de la antropóloga Jane Goodall ha dejado una serie de emotivos homenajes. Se admiraba la labor de una vida dedicada al acercamiento entre humanos y animales y su comprensión, en especial, de los chimpancés. En las redes se han recuperado entrevistas en las que Goodall celebraba la vida, al tiempo que alertaba del rumbo que ha tomado nuestra época. «¿Cómo puede ser -se preguntaba- que la criatura más inteligente del planeta esté destruyendo su único hogar, su entorno natural y provocando las desigualdades en nuestras sociedades? ¿Qué ha ido mal?». Cuando le pedían cuál era su animal favorito, ella nos sorprendía afirmando que eran los perros. «Los chimpancés no siempre son agradables -decía-, al igual que algunas personas tampoco lo son; los perros, en cambio, son fieles y te dan un amor incondicional».
No deja de ser una paradoja que esa desconfianza de Jane Goodall en el ser humano y sus acciones, enmascarando la posibilidad de un futuro simplemente habitable, nos llegue ahora a través de las redes sociales. Su celebración de una naturaleza en la que debemos integrarnos choca radicalmente con lo que se ha convertido el mundo actual: una selva virtual donde domina la confusión de los mensajes superficiales; un lugar en el que la manipulación de la realidad sirve a unas élites económicas que imponen ideologías totalitarias y atentan contra la dignidad y las libertades individuales.
Estos días también se hizo viral una entrevista de 1995, cuando salió el sistema Windows 95 y Bill Gates fue al show de David Letterman. Preguntado por el futuro de la naciente Internet, Gates respondió (lo resumo): «Quiere ser un lugar donde la gente intercambia información; todo el mundo tiene su homepage, al igual que las empresas, y puedes encontrar gente con los mismos intereses que tú, por raros que sean. Queremos que sea una herramienta que nos ayude a aprender». La fe en el futuro siempre contiene una semilla de ingenuidad, pero 30 años después una de las consecuencias de Internet ha sido la involución de la mente humana: hoy pensamos menos.
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