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Opinión | Tribuna

Brotes verdes

Roberto Benigni

Roberto Benigni

Hace unos meses circuló por redes un video de Roberto Benigni: un alegato contra el horror de la guerra de Gaza. No sorprendía lo que decía, sorprendía su dolor (visible) y su llamada a todos para sentir ese mismo dolor. (Israel asalta los barcos de la Flotilla de Gaza en aguas internacionales y detiene a los activistas)

La maldad y los malos existen.

Cuando una emoción tan intensa se repite nos defendemos aumentando el umbral de percepción: nos hacemos insensibles. Una coraza, se engruesa la piel. Ya no valen 80 muertos diarios en las colas del hambre, se necesitan 1.500 y con imágenes desgarradoras. La ira se sustituye por indiferencia. Ana Belén le pedía a Dios «que la vida no le fuera indiferente». Somos humanos y hay que seguir viviendo.

Las emociones negativas repetidas tiñen de negro la vida cotidiana. Sentimos rabia si nos hacen daño, si nos insultan, pero 80 muertos diarios (seguro que hay alguien que ajusta el numero) al final puede insensibilizarnos y también tiene efecto en el estado de ánimo colectivo. Una mañana podemos experimentar abatimiento y no tener ganas de levantarnos sin saber por qué. (Israel provoca en Gaza la primera hambruna declarada oficialmente en Oriente Medio).

Los estados de ánimo positivos activan la memoria y el aprendizaje y los negativos el olvido y la inacción. Si tienes el ánimo negro todo (incluida la gente nueva que conozcas) te parecerá horrible. La desconfianza se instala en la sociedad.

Todo parece una edición de El Caso. Además de Gaza, el panorama nacional e internacional da susto: las locuras de Trump, Netanyahu, Hamás y Putin, el servilismo de algunos que deberían defender a los ciudadanos europeos, los insultos en política nacional. Para algunos políticos vale el dicho de «cuanto peor mejor». Mi cuñada al telediario le llama asustaviejas, muchos se desconectan de las noticias: indiferencia desinformada o táctica del avestruz. Nos instalamos en la distopía del presente con el mandato de disfruta, si puedes, que llega el fin.

No hay esperanza. No hay fe en un mundo futuro justo y mejor. Mi abuela me lo contaba de cuando el cometa Halley venía a estrellarse contra la Tierra. La muerte de las ideologías que es lo mismo que la muerte del futuro.

Pero los pueblos europeos han dicho basta y los gobiernos están virando tímidamente por su presión. No sabemos todavía el efecto en Gaza, pero sí comprobamos el efecto en nosotros mismos: hay esperanza. (Mallorca marcha por Palestina: 22.000 personas, 58 manifestaciones y concentraciones simultáneas).

No soy conspiranoico, pero seguro que a algunos les interesa este estado de ánimo social descreído, pasivo y melancólico. El abatimiento del «no hay remedio».

Después del video de Benigni he vuelto a ver su película La vida es bella. También he recordado el poema «Cantando espero a la muerte/ que hay ruiseñores que cantan/ encima de los fusiles y en medio de las batallas» de Miguel Hernández.

Para aprender a resistir con los ojos abiertos recuerdo las colas de voluntarios armados de palas y botas de agua caminando hacia los horrores cuando la Dana en Valencia…, las imágenes de los que ofrecían helados y sillas a los que andaban a su casa en el apagón de hace unos meses…, las calles oscuras iluminadas con velas para que los niños no tuvieran miedo…, la manifestación prohibida del orgullo en Hungría, las movilizaciones de todo el mundo en apoyo a Gaza. Me puedo remontar a 2020 y recordar los aplausos merecidos a los sanitarios, nadie pasando necesidad por la solidaridad de los vecinos en el aislamiento… Si buscamos estamos llenos de recuerdos solidarios porque la bondad y los buenos también existen.

Creo que los medios deberían mostrar también las noticias buenas, las que infunden esperanza, las que recuperan la fe en el género humano. Las que necesitamos todos los días para seguir mirando la realidad de frente, soportando el horror sin indiferencia, actuando. Sección «buenas noticias para alegrarte la vida y para mantener la esperanza».

Porque la primera acción de resistencia es recordar que la vida es bella como nos enseñó el maestro Benigni.

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