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Opinión | Pensamientos

El caso Nóos y la historia

Esta causa sirvió para juzgar una trama de corrupción encabezada por Iñaki Urdangarin y su esposa entonces, la infanta Cristina de Borbón

El juez Castro, junto al periodista Andreu Manresa durante la presentación del libro el pasado jueves en el club Diario de Mallorca.

El juez Castro, junto al periodista Andreu Manresa durante la presentación del libro el pasado jueves en el club Diario de Mallorca. / Guillem Bosch

Tiene razón el periodista Andreu Manresa cuando afirma que el caso Nóos, investigado con ahínco por el magistrado José Castro Aragón, forma parte de la historia, de la historia de España.

Hace unos días el Foro Bellver de Diario de Mallorca fue escenario de la presentación del libro El caso Nóos, por su autor, el juvenil y lúcido José Castro. Por si hay algún despistado diremos que esta causa sirvió para juzgar una trama de corrupción de políticos, empresarios, consultores y miembros de la Familia Real, encabezados por Iñaki Urdangariny su esposa entonces, la infanta Cristina de Borbón. El clan se dedicó, durante unos lucrativos años, a desviar fondos públicos para que el entonces yerno del Rey Juan Carlos viviera a lo grande sin dar un palo al agua.

Hay personas, no muchas, que, pese a su jubilación, conservan siempre la vitola de su profesión. Se les sigue llamando magistrado, doctor, presidente o torero, aunque hayan pasado muchos años desde su retiro oficial. Tal es el caso del juez mallorquín.

No me quiero desviar. Explicaré lo del vínculo histórico. Manresa en la presentación dijo que la obra servirá a las nuevas generaciones para saber cómo se gestó una causa penal que cambió la percepción de la Monarquía en nuestro país. De aquellos años de largas (y virulentas) pesquisas, de los muchos meses de vista oral y de las dos sentencias, que tardaron en hacerse públicas, salieron varias lecciones.

La principal fue que don Juan Carlos usaba su alta posición para beneficiar, con dinero de todos, a su hija y yerno y a sí mismo. La segunda es que muchos dirigentes del Partido Popular se plegaban, sin escrúpulos a los deseos del monarca; se derrocharon millones de euros de las Administraciones en fines inútiles. Solo servían para enriquecer a las élites y como propaganda para los políticos.

Tal es el caso de los foros que el entonces duque de Palma organizó en Mallorca y Valencia para manosear, sin rédito alguno, los conceptos turismo y deporte. O del millonario patrocinio que el presidente Jaume Matas concedió a un equipo ciclista para que llevara, medio escondido en sus maillots, el nombre Illes Balears.

La tercera enseñanza es que el proceso sirvió para demostrar, no al cien por cien, que en un estado de derecho casi todos somos iguales ante la ley. Dos miembros de la Familia Real fueron encausados, acusados y sometidos a juicio. La sentencia fue desigual, para desilusión de Castro. Urdangarin, y su socio Diego Torres, pagaron con la cárcel sus fechorías. La infanta Cristina salió absuelta de su complicidad en los fraudes tributarios de su marido, aunque fue declarada responsable de haberse beneficiado con el producto de aquellas rentas ilícitas.

El autor se lamenta, en el prólogo del libro, de la impunidad con la que vivió, y sigue viviendo, el Rey emérito, pese a la multitud de indicios sobre su trayectoria deshonesta.

El antiguo titular de instrucción 3 de Palma es como el buen vino, mejora con el tiempo. Lo conozco hace años y nunca se ha mordido la lengua. Ahora, sin embargo, en sus intervenciones en los medios de comunicación habla muy claro sobre algunos de los males de nuestra Democracia. Conoce como nadie el paño judicial y denuncia la contaminación política de algunos tribunales y jueces, que se dejan arrastrar por su ideología a la hora de instruir o enjuiciar determinados casos. Es una visión pesimista del sistema, quizás realista.

Conviene escuchar con atención a líderes como José Castro y Andreu Manresa. Necesitamos luz en los tiempos oscuros.

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