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Opinión | Epígrafe

Trump y el paracetamol

El presidente estadounidense afirma, sin ningún aval científico, que este fármaco puede ser la causa de la pandemia de autismo que asola al país

El universo Trump no tiene fin y cada día nos sorprende con una nueva afirmación, que más bien son revelaciones que supongo tienen tras de sí toda una cadena de favores económicos y que chocan de bruces con la realidad, que en el caso de Trump es una macro realidad que tiene su nombre y su apellido. Ahora, sin ningún aval científico, señala que el paracetamol puede ser la causa de la pandemia de autismo que asola a los Estados Unidos y por eso dice que las mujeres embarazadas no deben tomar este medicamento en sus primeros meses de gestación, porque él tiene la solución a esta enfermedad que, sin ser puramente hereditaria, sí tiene un fuerte componente genético, y que se basa en dos premisas: no tomar paracetamol y sí Leucovorina como tratamiento contra el autismo.

Trump no se anda con bromas y tiene muy poca moral cuando, sin que exista ningún aval científico, busca generar en las mujeres embarazadas este tipo de dudas en unos meses en los que se ciernen sobre ellas muchos miedos y lo que necesitan no son este tipo de afirmaciones tan contundentemente alarmantes como exentas de estudios que las avalen, sino ciencia, rigor y respeto.

En las declaraciones de Trump hay dos elementos que acechan a la propia información y es cuando habla de pandemia y cuando señala que la solución a la misma está en un medicamento llamado Leucovorina y todo lo hace en condicional, porque no existe una pandemia de autismo en Estados Unidos y él lo sabe, ni tampoco está demostrado clínicamente que ese medicamento sirva como tratamiento contra el autismo. Pero eso da igual. La duda ya se ha instalado en las mentes de miles de mujeres que, sin consultar al médico, dejarán de tomar paracetamol porque Trump así lo ha dicho, sin preguntarse si quiera qué puede haber detrás de unas afirmaciones tan categóricas sobre un trastorno de neurodesarrollo sobre el que se lleva investigando muchos años y con mucho rigor.

El mundo de los negacionistas consiste en eso: en poner todo patas arriba y luego olvidar los efectos secundarios de unas afirmaciones que en ocasiones no tienen más que ese momento de gloria en boca de quien niega la ciencia y la destripa sin miramiento, porque desprecia todo lo que no sea él y su universo. A veces me pregunto qué manzana irrumpe en sus sueños y le provoca esa profunda sordera que le impide escuchar algo que no sea su propia voz.

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