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Opinión

La perfección

'Mondo' Duplantis estuvo a punto de saltar 6,23 metros

'Mondo' Duplantis estuvo a punto de saltar 6,23 metros / EFE

Hace unos pocos días, creo que el día quince de este mes, estuve ante el televisor un rato y busqué alguna retransmisión deportiva, me gusta observar el esfuerzo que hacen los atletas y tuve la suerte de ver que en el estadio olímpico de Tokio se celebraba el Mundial de Atletismo y se emitía en aquel momento una prueba de salto de pértiga. Supongo que lo vi en diferido por eso de la diferencia horaria que tienen los japoneses con respecto a nosotros, eso de los diferentes husos horarios no es banal en el ámbito de los negocios, supone una considerable desventaja para los europeos y americanos con respecto a los japoneses, estos llevan un buen rato despiertos y trabajando cuando nosotros, los europeos, seguimos durmiendo. Tuve la suerte de ver en la retransmisión de TV como un atleta sueco, de 25 años, Armand Mondo Duplantis, conseguía realizar un salto de pértiga de hasta una altura 6,30 metros, llegó hasta donde nadie podía imaginar, ¿logro la perfección en el salto? El récord mundial logrado por Duplantis supone, esfuerzo, constancia, fortaleza, habilidad y empeño en alcanzar el éxito. David Fincher, director de cine, dice que «quien no busca la perfección es que es un vago». Según explicaron, este atleta había logrado un anterior récord en los juegos olímpicos de París con un salto de 6,25 metros. Esta proeza, ¿es el resultado de haberse propuesto traspasar la barrera de la perfección o solo la práctica de ese deporte como lo hicieron otros deportistas a lo largo de la historia? Filípides, en el año 490 a.C., fue desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria de los atenienses en la batalla de Maratón, corrió 42 Km, 195 metros, acabo exhausto y murió. Gracias a Filípides, hoy se organizan maratones en todo el mundo. En el universo del arte, Leonardo da Vinci, con la Gioconda y La Ultima Cena, buscaba y consiguió la perfección pero él quedó insatisfecho; Miguel Ángel Buonarroti logró la excelencia con la Piedad y con el David; Brunelleschi consiguió un milagro arquitectónico con la cúpula de la basílica de Santa María de Fiore en Florencia y Dalí con la pintura del Cristo crucificado logró conmover. En el ámbito de la literatura, Cervantes y el Quijote, y Shakespeare con Romeo y Julieta y por supuesto, Homero, Dante Alighieri, Goethe, Borges…, ¿alcanzaron la perfección con sus recursos lingüísticos? ¿Debieron de quedar conformes? ¿ Existe la perfección?

Pensando en el salto perfecto de Duplantis, nos planteamos: ¿qué es la perfección? Según Platón, la perfección se encuentra solo en el mundo de las ideas, en el universo de las esencias perfectas. Para la Biblia la perfección supone estar en un estado de plenitud, de integridad, en ausencia de defectos, solamente aplicable a Dios, es su atributo intrínseco. En los humanos, es una sed secreta que arrastramos desde niños, deseamos hacer las cosas bien, obtener la aprobación, lograr una meta, empeño que sin darnos cuenta puede acabar convirtiéndose en una obsesión, como le ocurrió con Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, referentes de la literatura mística. De ellos se ha llegado a decir incluso que estaban enfermos, que padecían alucinaciones, -benditas alucinaciones si gracias a ellas fueron capaces de escribir La Noche Oscura del Alma y El Castillo Interior. Durante años pensamos que si uno se esfuerza lo suficiente tendrá un trabajo ideal, un cuerpo perfecto, una relación afectiva sin problemas y disfrutará de la plenitud en la vida. Pero esto es espejismo que con el tiempo se va alejando, aparece un vacío, nada es bastante, incluso los logros difíciles pueden acabar pareciendo insuficientes. Se debería asumir que el fracaso forma parte de la vida del ser humano, y la perfección como objetivo puede llegar a ser una penitencia. ¿Vale la pena tanto esfuerzo para alcanzar la perfección? No hay nada más irreprochable que aceptar tanto el fracaso como el éxito y reconocer la propia vulnerabilidad. Pessoa, filósofo y poeta (1888-1935, Lisboa) en su obra Libro del desasosiego reflexiona sobre la dificultad de crear una obra maestra, lograr la perfección en cualquier ámbito de la vida. Lo perfecto separa, lo imperfecto une. Tal vez la imperfección puede ser una forma honesta de habitar el mundo.

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