Opinión | Desde el siglo XX
Núria Riera, Idoia Ribas: ayunas de ética, empachadas de desvergüenza
El Gobierno de la señora Prohens solventa la papeleta de su colega, la señora Riera, con inocua amonestación, al tiempo que remite a los tribunales a la señora Ribas

Núria Riera, Idoia Ribas: ayunas de ética, empachadas de desvergüenza / Guillem Bosch / B. Ramon
No podía esperarse otra cosa: ni ejemplaridad, ni solicitud de devolución del dinero percibido, 120 mil euros, ni nada que huela a que se habían tomado como corresponde el descomunal morrazo de Núria Riera, «la bien pagada» del PP, su portavoz en el Consell de Mallorca, que ha hecho del absentismo laboral santo y seña de su actuación política. La señora Riera no atendía a sus obligaciones contractuales porque estaba en otras, las presuntas de representar a su partido en exposiciones públicas, de allí para acullá, lo que le llenaba casi toda la jornada. Núria Riera es una caradura de tomo y lomo. Desvergonzada. Ha sido amonestada por la presidenta Marga Prohens, que rivaliza con ella en obtener sobresaliente en desvergüenza, y se acabó. Las irregularidades detectadas han prescrito, con lo que nada más hay que decir. Conste, nos dirán desde el PP de la señora Prohens, que ha sido amonestada. Nos siguen tomando por lerdos a tiempo completo. Cuidado, el vaso está a punto de rebosar; ya se sabe lo que sucede en tales ocasiones: llegan las elecciones y el soponcio deja para el arrastre. Señora Prohens y asociados: Vox siembra. Vox riega. Vox prepara la siega y posterior recogida. La izquierda mallorquina, el invisible PSOE y la ya de otro mundo beatífica congregación de Més (antes PSM, antes del antes PSI), prosigue su errática andadura sin saber tan siquiera dónde perdió el oremus.
La señora Núria Riera se pasa por el forro la ética, se harta de desvergüenza. Lo saben en el PP. ¿Reacción? La burlesca, para la ciudadanía, amonestación. Y resulta que, acompañándola, topamos con la tránsfuga de Vox señora Idoia Ribas, que a mala leche no hay quien la iguale. La diputada del Parlamento balear dice que el partido con el que obtuvo el escaño al que no renuncia, de qué va a desaprovechar la oportunidad de hacer lo que lleva ejecutando en los dos últimos años y lo que le queda hasta mayo de 2027, es una estafa piramidal para sustraer dinero público. En el PP, parcos ellos, se limitan a precisar que lo que ha de hacer la señora Ribas es presentar denuncia ante los tribunales. Ha sido el vicepresidente Antoni Costa, el mismo que protegió dándole la gerencia de una empresa pública a su amigo agresor sexual, esbozando lacónica disculpa cuando se conoció el alcance del despreciable tinglado, el que recomienda a Ribas que denuncie ante el juez. Coño, Costa, aparte de ser incapaz de redimirte, parece que no alcanzas a ver que la acusación de la tránsfuga no es poca cosa, aunque rauda haya recogido velas afirmando que se trata de una acusación «política», algo así como un pleonasmo cualquiera, vamos. La tránsfuga ha obtenido beneficios sin cuento en el transcurso de su asociación con la extrema derecha de Vox. Me encantaría disfrutar de las razones ocultas que la han llevado a la ruptura. Quede constancia que la desvergüenza de Idoia Ribas es la de Núria Riera.
En la peripecia de Idoia Ribas hay un compareciente, extraña esfinge, al que se contempla hierático, en cuanta imagen circula de la tránsfuga. Se trata de otro de su especie, es Agustín Buades, ese hombre, del que dicen que dice que es el único en condiciones de obtener el caudaloso voto del nacional catolicismo mallorquín, que se disputan PP y Vox con notoria ventaja para la alegre muchachada del partido de Santiago Abascal. ¿Será verdad que Agustín Buades, ese hombre, es quien se bandea, alegre y confiado, entre los campamentos del Opus, El Yunque, los del desatado nacional catolicismo de Mallorca, salivando aguardando la hora de tomar el mando en plaza? ¿Por qué Agustín Buades, ese hombre, ha dejado Vox? ¿No colmaba las expectativas de quien protagonizó inenarrable por inverosímil intervención en el Parlamento balear: cantar un villancico, creo que el tamborilero, alzado en la tribuna. Ahí es nada, Agustín Buades, ese hombre.
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