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Opinión | Pensar, compartir...

Son Ametller, peor imposible

El antes y el después de la intervención en Son Ametller, que data de la primera mitad del XIX.

El antes y el después de la intervención en Son Ametller, que data de la primera mitad del XIX. / ARCA / B. Ramon

El Ayuntamiento de Palma es el propietario de ses cases de Son Ametller desde el año 2006 y era su obligación preservar todo su valor histórico y arquitectónico.

Pero la ristra de irresponsabilidades por parte del Consistorio se ha ido sucediendo a lo largo del tiempo y nos encontramos ahora ante un edificio irreconocible que hiere la sensibilidad de cualquiera que tenga un mínimo de memoria o simplemente compare las fotos del antes y el después.

Cuando pienso en responsabilidades no me refiero al Consistorio actual, que ya ha recibido el desastre consumado, sino a los cuatro anteriores.

Las casas señoriales de Son Ametller que conocimos fueron construidas en la primera parte del siglo XIX. Antes de eso, ya existían unas dependencias abovedadas en piedra de marés que quizás se remonten a uno o dos siglos antes y fueron incorporadas al inmueble.

Entre el año 2002 y el 2011 el edificio fue víctima de expolio y vandalismo por parte de okupas destructores. Hay gente que disfruta destrozando y quien tiene el deber de vigilar, no lo hizo. Pese a ello, la recuperación era posible.

Fue en el año 2011 cuando un aparejador amigo me llamó alarmado porque el proyecto que el Ayuntamiento había aprobado para dar un uso al inmueble, y ya estaba a medio ejecutar, consistía en vaciar todo el interior. También pensaban cargarse aquellas estancias singulares con bóvedas de 200 años de historia o más y que, a su acertado criterio, no se merecían la piqueta.

ARCA se activó, conseguimos visitar el edificio, sin poder acceder a la totalidad del mismo y, aparentemente, convencimos a técnicos y políticos de que dejarán en pie lo poco que quedaba del interior, que eran precisamente esos espacios tan especiales que quizás dataran del siglo XVII.

Nuestros socios de honor Jaume Llabrés y Aina Pascual elaboraron un informe con la historia, los valores que quedaban por conservar y una serie de consejos y directrices que entregamos al consistorio. Cuatro páginas de las veinte que conformaban el estudio estaban dedicadas a las fachadas. Todo gratis total. Si nuestros amigos hubieran cobrado unos miles de euros por su trabajo, como se merecían, quizás hubieran hecho más caso a sus generosas propuestas que incluían información sobre el jardín romántico del que aún se conservaban trazas recuperables. La portada del informe era la foto de una pintura de Antoni Gelabert en que se reproducían las pérgolas y el parral de Son Ametller, un óleo sobre tela datado en 1928.

La administración tiene la fea costumbre de permitirse a ella misma cosas que a un particular no le dejarían. Ya asistimos estupefactos a la destrucción del interior de Raixa y al de una parte de su fachada. Aquí estábamos ante la misma jugada. En el caso de las casas del barrio del Vivero, protagonistas de este texto, también las han transformado en un simple contenedor. En nuestra visita de hace 14 años, las obras municipales ya habían destruido la escalera y se negaron a conservar la cocina de los señores, pero, inocentes, no se nos pasó por la cabeza allá por el año 2011 que ni siquiera tuvieran intención de conservar y recuperar el esplendor de las cuatro fachadas de Son Ametller con criterios serios de rehabilitación de un edificio histórico.

Nunca más desde Cort se pusieron en contacto con nosotros. Nos debían considerar unos metomentodo. ¿Del estupendo informe de Llabrés y Pascual, qué hicieron? Quizás lo quemaron, quién sabe.

A lo largo de los años sucesivos hemos ido leyendo noticias dispersas sobre el futuro del edificio y el avance de las obras pero sin tener más información.

Cuando hace una semana fuimos a comprobar una foto-denuncia que nos había llegado, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que la imagen de Son Ametller ya no existía. Se había transformado en una superficie monótona y casi ciega. Habían tapiado la mayoría de las aberturas, incluida la octogonal de la capilla, y habían eliminado balcones y casi cualquier singularidad.

Se había consumado la transformación de unas casas señoriales en un simple contenedor, por dentro y por fuera. En la parte posterior sí se había intentado reproducir la estructura del jardín, pero con criterios de obra nueva ya que me dicen que las primeras máquinas habían arrasado todos los vestigios que aún permanecían en el 2011.

Lo dicho, en Son Ametller, imposible hacerlo peor si hablamos de preservar la historia con criterios serios. Y ahora ¿hay alguna manera de deshacer tanto agravio? Si quieren, con el tiempo, mi opinión es que sí. De hecho, la ficha de catálogo habla de la obligación de rehabilitar las fachadas. Se pueden recuperar. Sé que es imposible para un Consistorio que ha recibido las obras casi acabadas, volverlas atrás. Pero aún hay pendiente las licitaciones para el piso superior y entonces quizás se podría incluir la recuperación de la imagen histórica de todas las fachadas. ¿Encontrarán la solución paliativa y querrán hacerlo?

En poco tiempo abrirán al uso una parte de Son Ametller con el nuevo casal de barrio del Vivero. Confiemos en que en el futuro la utilización completa del edificio nos traiga la buena noticia de que hayamos recuperado, para esas casas, el respeto que se merecen. n

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